ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Las velocidades de la Unión Europea
Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional13-03-2017
Un coche tiene varias velocidades, lo importante es saber cuál elegir en cada momento para que el vehículo llegue íntegro al destino, sin sufrir percances. Evidentemente, cuando las condiciones de la carretera son buenas, como en una autopista, se va en quinta o en sexta. Si el trayecto es por un puerto de montaña, con muchas curvas, es posible que no se pase de segunda y muchos tramos haya que hacerlos en primera.
En la Unión Europea se está hablando de las dos velocidades, de la posibilidad de que manteniendo el bloque, algunos países decidan avanzar y busquen alcanzar unos objetivos superiores en aspectos políticos, económicos, sociales...
Esta postura crea desconfianzas en los estados que creen que pueden quedarse rezagados y alertan de que se establece una división entre ricos y pobres. Este temor es lógico y se ve azuzado por la posibilidad de perder los privilegios que ahora poseen.
Sin embargo, no siempre es así, y, actualmente, en la Unión Europea hay casos en los que no todos sus miembros participan en ellos, por una decisión política de cada integrante. Por ejemplo, en un asunto de tanta importancia como el euro, hay socios que no forman parte de la moneda única. Del mismo modo, hay países que no están en el espacio Schengen. Esto les ha supuesto no disfrutar de las ventajas (ni sufrir los inconvenientes) que tienen ambos, pero no por ello han perdido los beneficios globales de mantenerse en la UE.
En la Unión siempre se ha preferido avanzar en bloque, pero también hay que saber adaptarse a las circunstancias y, especialmente, a los nuevos tiempos, en los que hay desafíos externos, pero también numerosas voces escépticas e incluso antieuropeístas en el seno de algunos miembros.
Evidentemente, no es lo mismo una Europa de 12 que una Europa de 28 (27 tras la salida de Reino Unido). Cada uno de los países tiene sus propias coyunturas e intereses, y en ocasiones se convierten en un lastre que dificulta el avance.
Las ampliaciones hasta duplicar la Unión tenían sus riesgos, ya no solo por gestionar ese incremento de socios tan considerable, sino también por las cuestiones internas de cada nuevo miembro. Siempre conviene recordar que en tiempos de bonanza todo son parabienes y ventajas, pero que la verdadera capacidad y altura de miras se ve en épocas de dificultades.
La crisis financiera, los nacionalismos, el populismo, el Brexit, la actuación ante la inmigración... están haciendo daño a la UE y son un desafío para la construcción comunitaria. Por esta razón, conviene buscar soluciones para mantener el proyecto. Muchas de estas, pueden ser difíciles de tomar y generar controversia, pero en ocasiones no queda más remedio que adoptarlas para evitar el desmoronamiento y seguir avanzando.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD