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CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR

Células suicidas

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión13-10-2002

Dice la prensa que el Nobel de Medicina va este año para quien ha descubierto en un gusano la base genética que explica el fenómeno de las células suicidas. Imagino que lo dice la prensa, porque un científico honesto como Sydney Brenner no puede afirmar con rigor que las células se suicidan, ya que es éste un acto moral, asunto que escapa a la disciplina del citado Nobel. Albert Camus creyó que el verdadero problema filosófico es el suicidio; es decir, que la pregunta más importante del hombre es la del sentido: ¿Por qué estoy en el mundo? Si carecemos de respuesta, si no encontramos ningún sentido -insiste el pensador francés-, la reacción honesta es el suicidio. Si, por el contrario, nos damos una respuesta, esa única razón para vivir nos marcará el camino de la vida. Ya lo decía Nietzsche: quien tiene un porqué para vivir, encuentra casi siempre el cómo. Y sobre esa luminosa afirmación nietzscheana, tan aislada y poderosa como todas sus afirmaciones luminosas, recreó Víctor Frankl todo su sistema psicológico, la Tercera escuela de Viena, la logoterapia. Heredera de ella, de la idea de que la mayor parte de los problemas de quien acude hoy al psicólogo son esencialmente filosóficos, son de falta de sentido, es la obra Más Platón y menos prozac, indiscutible best-seller entre los ensayos de los dos últimos años. Se me hace tan irrisorio pensar en psiquiatras para células, o en células filósofas, como pensar en células suicidas. No puedo imaginar cuál será el último best-seller entre las células eruditas, ni si consideran el suicidio como una cobardía o como una heroicidad. Podríamos, ciertamente, hablar de células héroes, ya que gracias a su sacrificio personal el organismo sobrevive -de hecho, el cáncer se produce cuando dejan de suicidarse las células necesarias-. Sin embargo, estamos hablando de células y de la apoptosis o “suicidio programado genéticamente”. Es decir, que no habamos de suicidio real -como acto moral-, ni de sacrificio personal -ni impersonal-, ni de héroes, ni de cobardes, ni de psicólogos, ni de filósofos, ni de razones, ni de actos morales y libres. De lo que hablamos, como siempre, es de aquello con que nos confunden los periódicos.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach