ANÁLISIS DE SOCIEDAD
'¡Tápate la boca!'
Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad13-01-2016
En invierno, en esos días como los de ahora en los que el humo de la chimenea se confunde por las calles del pueblo en la humedad de las tardes nocturnas, la abuela despedía nuestra visita habitual con una frase con la que aún hoy bromeamos los creciditos nietos que llevamos su ilustre apellido (Baltasar, como el rey mago).
“¡Tapaos la boca!”, decía la mujer para evitarnos los resfiados, mientras ella salía a la calle tan chula y tan fresca: con la bata de verano sólo aderezada con un jersey bajo los tirantes de una florida tela estival, medias bajo las rodillas y zapatillas de estar en casa.
En las callejuelas informativas y del chismorreo nacional he vuelto a notar el frío por el que la abuela nos insistía que nos tapáramos la bocaY estos días de invierno, entre las callejuelas informativas y del chismorreo nacional, los tuíteres y los internetes, he vuelto a notar el frío por el que la abuela nos insistía a diario que nos tapáramos la boca. Pero la sensación no ha sido, precisamente, por la bajada del termómetro, sino por la humedad seca y gélida de la sinrazón sectaria de ciertos debates y polémicas.
En este bendito país al que cada vez más renuncian de distinto modo, es deporte nacional el todo vale, pero con la salvedad de que sólo valen los argumentos que algunos defienden. El resto no.
¿No se puede decir que los atuendos de los famosos Reyes Magos de Carmena eran horrorosos? ¿No se puede decir que una mujer es fea, sea política, independentista o la vecina del descansillo? Pero, por el contrario, ¿no hay que sentirse ofendido si eres torero y te califican de asesino en serie? ¿Los católicos no se pueden molestar por que el semanario Charlie Hebdo celebre el aniversario del atentado terrorista con una portada dedicada a su Dios con manos de asesino?
Mi abuela, si leyese estas líneas, me pediría prudencia y que me tapase la boca. Pero, como la libertad (de expresión o de lo que sea) termina donde empieza la del otro, como los derechos conviven con las obligaciones y el respeto con el sentido común, en este caso no lo haría. Y la lengua se queda bien fresca.
Seguir a @AlmudenaHPerez

Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo