ANÁLISIS DE ESPAÑA
Gettysburg, capital Girona
Por Alejandro Requeijo
3 min
España11-01-2016
Puigdemont no tenía intención de recurrir de nuevo a una víctima del franquismo para defender "la expulsión de los invasores", le bastó con reivindicar la primera lucha de la Humanidad contra la esclavitud que tuvo lugar, naturalmente, en Cataluña. En el siglo XV concretamente, donde "ya había quienes se reunían en asambleas para luchar contra quien les oprimía". "Estos hechos tienen que ver con el presente, gracias a todo ello hoy yo, un gerundés, puede presidir la Generalitat", dijo antes de acompañar su heroica efeméride con una cita de la Unesco: "los malos usos son en todos los sentidos absolutamente horribles para las leyes naturales, las escrituras y los preceptos divinos". En apenas unos minutos, el William Wallace gerundés había convertido el mesianismo de Mas en un consejo de teletienda.
Al final va a resultar que Puigdemont no es el elegido de Mas, sino que fue precisamente Puigdemont quien nos envió a Mas para que terminase cargando con la cruz del paso al costado por la salvación de todos los catalanes. La cruda realidad es que ni el Parlament es Gettysburg ni los catalanes se reúnen en asambleas, sino en los bares, para constatar que la puntería de Messi sigue intacta. El propio Mas aguardó escrupulosamente al pitido final en el Camp Nou para anunciar el sábado el acuerdo in extremis que pone a salvo el prusés. Casan mal las alegorías a la hora de enaltecer un camino tan pírrico que al final llega de la mano de un número 3 por Girona.
Tanto es así que la primera palabra de Puigdemont fue "perdón". Y no se refería precisamente a la corrupción endémica del 3 por ciento, requisito irrenunciable este de la disculpa tan exigido a otros líderes. También el de evitar el dedazo a la hora de seleccionar dirigentes, por cierto. Ha sido el miedo a las urnas y no los agricultores catalanes del XV lo que ha llevado a Puigdemont a la Generalitat y en ese diagnóstico coinciden desde Arrimadas hasta Colau. Pero ya anuncia que una resolución del TC no es nada comparado con el látigo que azotaba a sus antepasados y eso interpela de manera directa a Mariano Rajoy, presidente en funciones, a quien tal desprestigio independentista casi que hasta le ha puesto las cosas fáciles para adoptar cualquier decisión.
También afecta a Pedro Sánchez en su intento de acogerse a sagrado en La Moncloa con el aval precisamente del independentismo catalán. El PSOE ya ha dicho que va a apoyar al Ejecutivo en su postura sobre Cataluña. Tremenda pirueta sería la de apoyar al Gobierno mientras negocia el respaldo con quienes están provocando la sanción del Gobierno. Tal requiebro no lo aguanta ni la cintura bailonga de Iceta. A Sánchez le ha llegado la hora de decidir de qué lado está y si sigue pensando que en los asuntos esenciales está más lejos del PP que de cualquier otro. De momento y para fijar posición ahí estaba Iceta. Minutos después de que Puigdemont confirmase su desafío rupturista, el líder del PSC comenzó su discurso atizando al PP... a cuenta de la cuenca del Ebro.
Seguir a @Alex_Requeijo

Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio