ANÁLISIS DE CULTURA
Drogados con placebo
Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura22-01-2014
Las modas producen clones salidos de cadenas de producción. El fabricante monta maniquíes con la misma ropa, del mismo color y mismos zapatos. Después procede a colocarle la peluca adecuada. Idéntico color y corte, con cuidado para que todas lleven la misma longitud, el mismo flequillo, análoga mecha en todos. Y ya con la vestimenta en su sitio, procede a amueblar el cerebro, aunque en este caso se colocan distintos tipos de carácter, porque si todos los modelos se comportan igual llegará un momento que las interacciones no fluyan y el mundo prefabricado se convierta en un vasto terreno sin gracia. Unos serán dóciles, otros más tercos. Unos más egoístas, otros sinceros. Y una vez que el cuerpo y mente están modelados, se les abre la puerta de la fábrica. Salen a la calle y comienza la aventura. La realidad no es tan dura como la ciencia ficción que el primer párrafo pretende, aunque se le parezca. Nos dejamos llevar por patrones porque pretenden imponerlo desde fuera y nosotros nos dejamos llevar, lo que tampoco significa vivir atados a la tiranía porque de momento, aunque lo intenten, nadie nos controla con un mando. En realidad la moda es como una droga que nos ayuda a adaptarnos a la realidad social. Un psicotrópico placebo que engancha más que la cocaína. Y fuera, en la calle, esa droga se llama metanfetamina. Ahora todo el mundo habla de ella porque Breaking bad la ha puesto en boca de todos. Tanto que su productor, Vince Gilligan, ha conseguido que los traficantes de Nuevo México cuelen en las calles esta sustancia de color azul. Y tiene esa apariencia porque los fabricantes la tiñen de azul para poder distinguir o promocionar su producto. Aunque la serie del Globo de Oro asegure que su pureza es casi total, lo cierto es que esos tintes pueden producir efectos más peligrosos entre los consumidores. La literatura juega malas pasadas y confunde cerebros. La ciencia ficción, como la experiencia demuestra, puede convertirse en una peligrosa realidad. La anécdota de la serie norteamericana es un ejemplo. Pero hay más. La nueva película de Martin Scorsese sobre la ambición millonaria de un exitoso bróker que abusa de las drogas hasta llegar a situaciones delirantes se convierte en una suculenta parodia que demuestra que las modas están dejando sujetos que se salen de la cadena de producción para engañar al resto y quedarse con todo su dinero. Un contexto, años 80, una moda, los corredores de bolsa y la adicción al dinero, que no se pasa con los años. Salir del cine pensando que es una pena que para destacar hay que recurrir a ello. Para ser auténtico hay que salirse de la cadena de producción, pero a veces para pisar la realidad hay que montarse de nuevo en ella. Porque a veces la ciencia ficción es lo más cómodo.
Seguir a @MartaGBruno

Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press