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ANÁLISIS DE ESPAÑA

La lección que nos deja Gamonal

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España20-01-2014

Lo de Gamonal no puede, no debe recordarse como la victoria de la democracia. Más bien al contrario. Todos los acontecimientos vividos en el barrio burgalés han sido un profundo ejercicio antidemocrático por parte de todos. Quienes estaban en contra del bulevar han tenido que recurrir a la violencia para que les hagan caso. A consecuencia de eso, las obras no se han parado porque los vecinos sublevados tuvieran razón. Eso ni siquiera se ha llegado a discutir. Simplemente se han parado por miedo. Y eso es dar la razón a quienes temen que el actual sistema no deja más recursos al ciudadano que tomarse la justicia por su mano. Si la razón es el miedo, los motivos y los argumentos quedarán siempre supeditados a quien tire más piedras o queme más contenedores. Este caso tampoco parece fácilmente extrapolable a una causa general como apuntan los buscadores del esperado estallido social. Poco tiene que ver el que se subleva contra una obra pública que el tira piedras frente al Congreso de los Diputados. Lo de Gamonal es un conflicto muy local con actores muy concretos. En Gamonal se han rebelado para tumbar una obra no para tumbar al sistema. Se trata de un barrio de 60.000 habitantes y el pico máximo de las manifestaciones estos últimos días aglutinó a varios miles de personas, muchos llegados desde fuera como muestra de solidaridad. Echen cuentas. Si eso es mucha gente o no da igual porque quienes realmente han parado las obras han sido los violentos, que era una ínfima minoría. A día de hoy ni siquiera podemos saber si el rechazo a esa obra pública era un sentimiento mayoritario en el barrio. Sólo sabemos que quienes estaban en contra hicieron más ruido. En un clima de crisis económica, es más que comprensible el rechazo a que un Ayuntamiento destine ocho millones a una obra si ésta es considerada innecesaria. La cosa escuece más incluso si quien va a sacar tajada es un constructor denostado en la zona. Pero si la razón es esa, si el nudo del conflicto es la necesidad o no de una obra, entonces el debate debe centrarse en una cuestión de mayorías y minorías. Porque en esos ocho millones van los impuestos tanto del que está en contra como del que está a favor. El actual sistema democrático, sobre todo en ámbito local, cuenta con mecanismos de consulta que en este caso no se han desplegado. Tampoco basta escudarse en que fuiste el más votado. No basta decir que lo llevabas en el programa como cuando el banco te dice que tendrías que haber leído la letra pequeña antes de firmar. Porque la gente vota a programas donde se promete menos paro o menos impuestos y si luego no se cumplen nadie asume responsabilidades. Si elevamos los programas electorales a verdades reveladas, hagámoslo para todo. Pero entre ese enroque absurdo y el ceder por miedo al ruido debe haber un término medio más directo, más democrático, más participativo que esperar cuatro años a las siguientes elecciones para cobrarte la venganza. Y esa es la principal lección que el poder debería aprender de Gamonal porque esa demanda sí que iguala a todos.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio