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SIN CONCESIONES

Impunidad

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión21-01-2014

Vivimos tiempos de transformación. La crisis está cambiando todo. Cambian muchas cosas, excepto aquello que provocó esta depresión económica. De eso parecemos no aprender. Quizá por eso el hombre es el único animal capaz de tropezar varias veces en la misma piedra. La sociedad está mutando y el concepto de democracia también. Hay más preocupación por lo público y por la gestión de lo que es de todos. Resulta fantástico. Ahora nadie tolera un despilfarro o un gasto superfluo. Ha crecido la sensibilidad por la administración de las administraciones y así se ha puesto de manifiesto en Burgos. El barrio de Gamonal ha dado una lección de compromiso y rebeldía al resto de España. Los vecinos se han levantado contra una inversión millonaria e innecesaria en este momento de salida de la recesión. Han protestado hasta conseguir la cancelación de la obra. Parece un éxito social pero también deja aspectos preocupantes. Gamonal nos enseña lo mejor y lo peor de nuestra joven democracia. Lo bueno es tan evidente que no necesita explicación. Lo malo parte de algunos matices y, sobre todo, de las formas. Las quejas vecinales llevaban semanas celebrándose pero no saltaron a los periódicos e informativos de todo el país hasta que se produjeron incidentes violentos. Primer error: los periodistas solemos conceder más trascendencia a lo llamativo que a lo importante. Lo que realmente ha forzado al alcalde de Burgos a renunciar al proyecto del bulevar son los incidentes y la ruptura de la convivencia pacífica. Segundo error: no ha vencido la razón, sino el uso de la fuerza. Nada de esto habría llegado a nuestras casas sin violencia de por medio. Así que reflexionemos fríamente... ¿es realmente bueno lo que ha pasado allí? ¿el fin justifica los medios? La protesta de los vecinos de Gamonal era justa y comprensible. Pero no ha acabado tras la marcha atrás del Ayuntamiento. Los incidentes han seguido después de triunfar en su propósito. Si antes no había razón para tirar piedras y causar destrozos, ahora mucho menos. La violencia nunca está justificada. Jamás. La violencia es la antítesis de la democracia. Quienes queman contenedores y rompen cristales de comercios sólo entienden el lenguaje de la negación. Pierden la razón con sus actos y deslegitiman las causas a las que se arriman. Son los enemigos de todos. Sin embargo, siempre aparece algún tonto útil que ríe sus gracias, las justifica e incluso se niega a condenarlas. Lo sorprendente es que los propios vecinos reclamen perdón para los radicales. Piden una impunidad imposible e inasumible. La democracia duraría dos telediarios sin respetar sus reglas de juego. A veces creemos que los votos están por encima de todo pero es la aplicación rigurosa y continuada de la ley la que garantiza nuestro sistema. No lo olvidemos. Queremos una democracia mejor pero no es posible sin cumplir el Estado de Derecho. Los violentos sólo ofrecen destrucción y aprovechan la más mínima excusa para extender el caos a otras ciudades. La crisis económica nos ha abierto los ojos a muchas disfunciones que deben corregirse. Queremos cambiar nuestra democracia pero debe ser a mejor. Queremos mutar pero no puede ser para romper en mil pedazos lo que nos ha traído hasta aquí. Debemos transformar la sociedad, sí, pero debe ser en busca de la perfección, de la convivencia pacífica y de la justicia social. Lo ocurrido en el barrio de Gamonal es un toque de atención para muchos políticos pero no puede convertirse en un ejemplo a imitar en el resto de España.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito