ANÁLISIS DE LA SEMANA
Aires de esperanza y renovación y aguas turbias
Por Javier Bragado
1 min
Sociedad27-05-2001
El país que ha abanderado muchas veces la lucha por los derechos humanos sigue demostrando que es sólo una actitud que pretende explotar fuera de sus fronteras. Con un presidente, George W. Bus, aficionado a la silla eléctrica desde su etapa de gobernador en Texas, las cosas no parecen haber cambiado. En el caso de Joaquín José Martínez no se trata tanto de demostrar su inocencia o culpabilidad sino de evitar la pena de muerte, o lo que es lo mismo, mantener el derecho a la vida, que tanto ha costado conquistar a lo largo de la historia de la humanidad. Joaquín José ha tenido la suerte de disponer del apoyo de sus padres y del país de sus progenitores (España). Otros, la mayoría de grupos minoritarios en EE.UU. (aproximadamente un 80 por ciento de los ejecutados en el país pertenecen a esas minorías) no han tenido tanta suerte para que se les presente una segunda oportunidad. El apoyo a Joaquín José ha llegado incluso desde El Vaticano. La Iglesia católica no cesa en su empeño de defender el derecho a la vida, ya sea en contra de la pena de muerte o del aborto. El sexto consistorio cardenalicio ha servido para observar vientos renovadores en algunos aspectos, como la mejor preparación de sus pastores. En España, los otros pastores -los que cuidan su ganado- deben prestar atención cada vez más a sus animales. Ahora saben que los ríos y pantanos de gran parte del territorio español no están en las mejores condiciones. Una situación paradójica al compararla con las playas magníficas que cumplen todas las medidas de seguridad, aunque quizá tenga que ver que España sea el segundo país del mundo con mayor número de turistas.
