ANÁLISIS DE CULTURA
Nostalgia manifiesta
Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura27-11-2013
Suenan los últimos compases del otoño. Las hojas amarillentas caen perezosas al suelo, arrastradas por los vientos gélidos que han llegado casi de golpe. La Navidad está cerca y la sensación festiva en clase es palpable. Tocan las 17:00, es hora de salir del colegio. No hay zancadas más conseguidas que las que acompañan el sonido del timbre, el abrir de las puertas chirriantes, el sonido de las mochilas con ruedas, mamá esperando fuera con el bocadillo de la merienda y un abrazo de los buenos. Todos los días el mismo, suficiente y necesario. “Cuidado con las hojas hija, que te vas a matar”, sentencia ella. El tropezón no se lo quita nadie. Ese olor a colegio, el letargo matutino, el colacao, “mamá, ¡está hirviendo!”, la hora crítica, 21:30, cuando papá y mamá respiran aliviados. Es el momento de acostarse y para ellos el único respiro del día. Desde la habitación pueden escucharse los sonidos lejanos del programa que quieres ver, pero ellos no te dejan porque “cuando seas padre, comerás huevo”. ¡Cómo nos cabreaba esa expresión de pequeños! Y cuánto la echamos de menos ahora… Los años pasan como cervatillos asustados por el sonido de la escopeta. Encendemos el robot el lunes y lo apagamos el viernes por la tarde, y ni nos damos cuenta de que la vida pasa demasiado deprisa. Tan solo pulsamos el pause cuando hay una razón que nos conecta con el pasado. Y eso siempre pasa con la muerte de alguien que nos recuerda al olor del colacao, a la sopa de marisco de la yaya, a esas tardes de cine antiguo de fin de semana. José Luis López Vázquez, Manolo Escobar. Nombres que aunque a una siempre le han sonado muy mayores, supone entrar en la máquina del tiempo de la infancia y los seres queridos que los admiraban. Ahora el viaje del tiempo se produce con la enfermedad de Lina Morgan. ¡Vaya par de gemelas!, La tonta del bote, Hostal Royal Manzanares. Cuánto talento que ahora lucha por sobrevivir, a la vez que nos vuelve a recordar que dichosos los ojos y maldito paso del tiempo, que no nos deja disfrutar de las cosas más que un poquito, lo justo para que después las echemos de menos. Pero también bendita suerte la nuestra, que tenemos vida para poder acariciar cada minuto con mimo, para que en un futuro seamos nosotros los que recordemos a nuestros hijos que ya tendrán tiempo de comer huevo... hasta empacharse.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press