SIN CONCESIONES
Irene
Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión25-11-2013
Una mañana me asaltaste al salir de clase en la Universidad. Tenías cara de niña y sonrisa de colegiala, aunque me superabas en edad. Me hablaste como si me conocieras de toda la vida a pesar de que era la primera vez que nos veíamos frente a frente. Al menos, eso creía yo. Tú nos leías cada semana en LaSemana.es y comentabas los escritos con amigos comunes. Sin pensarlo dos veces, me pediste colaborar en el periódico. Iluso de mí, supuse que era una reacción apasionada sin ninguna vocación de prosperar. Te dije que sí pero nunca pensé que a los pocos días recibiría un mail con la petición formal por escrito. Muy pronto debutaste con el blog Vida pública, donde reclamabas comportamientos recios y ejemplares a los personajes con cierta notoriedad. Siempre demostrabas firmes principios y sorprendía lo bien que escribías sin ser periodista, así como la facilidad para plasmar las ideas. Se notaba tu condición de profesora de formación humanística en la Universidad Francisco de Vitoria. Aún recuerdo tu último artículo hace unos meses. Lo titulaste "Nunca diréis 'morir'" sin saber que sería un epitafio y a la vez una declaración de últimas voluntades. Aunque ahora te has ido, sé que sigues muy cerca. Más o menos como cuando te marchaste a las antípodas y escribiste tu artículo desde el aeropuerto, mientras esperabas a subir al avión. Te fuiste muy lejos y ahora me doy cuenta de que en realidad estabas muy cerca. Las personas que apreciamos siempre están más cerca de lo que creemos pero no nos percatamos hasta que las perdemos y la distancia deja de tener remedio. Aquellos días en familia en la otra punta del mundo fueron maravillosos y así lo transmitías. Tu marido y tus cuatro hijos anteriores lo recordarán como el penúltimo gran viaje con mamá. Esta Navidad añorarán tus besos y abrazos, tus consejos y enseñanzas, tus juegos y chistes en el dormitorio, tu manera de decorar la casa... Otros echaremos de menos tus reflexiones, tus preguntas inquietas y tu alegría imborrable. Pero sobre todo buscaremos por los rincones tu gigantesca sonrisa, tu melena rubia y enredada, tu simpatía perenne hasta con los desconocidos, tu interés por las cosas pequeñas y tu cariño en cada una de las intenciones. Hace un año me llevé la sorpresa padre. En la cena de navidad viniste corriendo a verme y lanzarme toda clase de preguntas sobre política. Era otra de tus pasiones, aunque la verdad es que ponías entusiasmo en cada segundo que te ofrecía la vida. Esa noche descubrí que sí te conocía previamente porque nos habíamos visto diez años atrás en una noche electoral. Tú acompañabas aquella jornada a tu marido, que ahora llora tu ausencia y tiene que criar en solitario a cinco hijos que quedan semi huérfanos. Nos habíamos visto antes pero el destino quiso que nos conociéramos mucho después. A lo largo de la vida conocemos a muchas personas pero no son tantas con las que nos encontramos. Encontrar es descubrir, es ganar y es hallar... de hallazgo. Irene, gracias por todo cuanto nos regalaste y por tu futura protección. Porque perdemos una amiga entre nosotros pero ganamos un ángel de cabellos dorados y blanca sonrisa en el cielo.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito