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SIN CONCESIONES

El regreso de Aznar

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión27-05-2013

Quienes alimentan el supuesto regreso de Aznar a la política saben que es una utopía. Una entrevista en prime time en televisión no resucita a un expresidente del Gobierno. Al contrario, en muchos casos aviva el hastío que parecía olvidado. Que Aznar es uno de los grandes líderes políticos que ha ofrecido la democracia no pueden negarlo ni siquiera sus mayores detractores. Genera tantos odios como amores pasionales. Su principal virtud, y a la vez su defecto, pasa por sustentar sobre silogismos inamovibles las ideas que verbaliza, además, con una rotundidad casi ofensiva. Aznar salió del Gobierno de España con una cuestionada gestión de los atentados terroristas del 11-M que le acompañará de por vida. La política y la memoria histórica de este país es así de injusta, para unos y para otros. En la conciencia social pesan más cuatro días de luto que ocho años de prosperidad. En el Partido Popular hay mucho militante de base y algún que otro dirigente que echa de menos el liderazgo de Aznar antes incluso de que abandonara La Moncloa. Habría sucedido igual con cualquier otro sucesor pero cierto es que la forma de actuar de Mariano Rajoy acrecienta en ocasiones esa añoranza. La entrevista de Aznar en Antena 3 Televisión ha engrandecido esa sensación. Pero poco más. La vuelta del expresidente del Gobierno a la primera fila de la política es una locura que sólo alimentan quienes anhelan vender periódicos y quienes se declaran sumamente desesperados por el pausado ritmo de Rajoy. Ambos son, en muchas facetas, como el día y la noche. Impaciente, uno. Excesivamente calmado, a veces hasta la inacción, el otro. Locuaz, el vallisoletano. Parco en palabras, el gallego. Tajante e inflexible, el del bigote. Dubitativo en ocasiones, el de la barba. Pero hay elementos comunes que comparten. Los dos anteponen el interés general de España, los dos son sumamente austeros y los dos miran siempre a largo plazo. Por esto, entre otras razones, Aznar prefirió como sucesor a Rajoy antes que a Rodrigo Rato o Jaime Mayor Oreja. La relación de Aznar con Rajoy es como la de un padre que sigue aleccionando al hijo cuando ya se ha marchado de casa. Aznar se resiste a creer que su descendiente vive solo y toma sus propias decisiones. El hijo ha formado su propia familia y se ha rodeado de un amplio equipo de gente en el que hasta los más veteranos, como Cristóbal Montoro, rechazan cualquier tipo de nostalgias y añoranzas. Es sabido que el pasado pasado está y, por mucho que se quiera, nunca vuelve. Sin embargo, Aznar conserva todavía el cariño de las bases del Partido Popular, las mismas que ahora dudan de Rajoy. Pero eso es insuficiente para inestabilizar a un Gobierno. Más aún cuando posee un amplio apoyo con mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. En estas circunstancias, soñar con el regreso a la política de Aznar es una quimera. A la legislatura le quedan todavía dos largos años de reformas y Rajoy piensa aprovechar el tiempo hasta el último de los días. Aznar alza ahora la voz, pero cuando se acerquen las elecciones reconducirá a los simpatizantes que ahora se sienten engañados. Como en 2008 y 2011, volverá a pedir el voto para Rajoy. Porque hay otra idea que une profundamente a ambos y esa es que las siglas del PP están por encima de todas las cosas.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito