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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Terrorismo: qué culpa tendrá el lobo

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional27-05-2013

El lobo es un animal mítico en España. Temido por los ganaderos hace décadas por sus ataques, fue desapareciendo de los montes españoles hasta casi convertirse en una especie en extinción. Sin embargo, los procesos de recolonización desarrollados en los últimos años han propiciado su regreso a algunos de sus antiguos hábitats e incluso han sido vistos en la Sierra Norte de Madrid. La imagen que evoca el lobo casi siempre ha tenido connotaciones negativas, incluso entre el público infantil, que lo ve como el malo de los cuentos. Por si fuera poco, esta demonización se está acrecentando en los últimos años debido al terrorismo y a los términos usados por los medios de comunicación. Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York y contra el Pentágono en Washington, la seguridad internacional se ha multiplicado considerablemente hasta llegar a unos límites que rozan la obsesión. Al mismo tiempo, los criminales, como grandes enemigos que son, están buscando fórmulas para perpetrar atentados. Una de las formas de conseguirlo es pasar lo más inadvertido posible, llevar una vida normal y esperar la ocasión para atacar. Con esta táctica, afortunadamente, ya es muy difícil volver a ver situaciones tan sobrecogedoras y bien planificadas como las del 11-S, pero sí se van a seguir sufriendo asesinatos a manos de fanáticos islamistas, de extrema derecha o de radicales de izquierdas. Son los llamados "lobos solitarios". Matar es muy fácil y sembrar el terror también lo es debido a la gran difusión obtenida gracias a las nuevas tecnologías, que, entre otras cosas, permiten obtener imágenes y vídeos y compartirlos globalmente en solo unos segundos. Uno de los grandes éxitos del terrorismo es conseguir publicidad para mantener el miedo en la población y desconcertar a las fuerzas de seguridad. Las autoridades tienen una compleja misión a la que hacer frente. En estados democráticos donde hay libertades es muy difícil controlar a la población. Se puede sospechar de algunos individuos, pero es necesario tener pruebas suficientes como para detenerlos y condenarlos. Se da la circunstancia de que algunos de los últimos atentados han sido cometidos por habitantes locales o inmigrantes ya arraigados en el país de acogida que se han ido radicalizando con el paso de los años. Quizá en este hecho esté una de las claves, en evitar esta desviación hacia el crimen. Una forma de contribuir a lograrlo es con la educación y con la integración. No es un trabajo sencillo porque llevará muchos años y porque impedir el terrorismo es imposible, pero sí puede ayudar a reducir la frecuencia con que se producen los atentados.

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD