Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

SIN CONCESIONES

Dos no pactan si uno no quiere

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión15-02-2010

Cuando la profesora nos pillaba en clase hablando con el compañero de pupitre, solía castigarnos en el pasillo. Así que el aludido optaba por negar la mayor y echar la culpa al vecino. "Yo no he sido, ha empezado él". Pero servía de poco. La maestra, que era más lista, siempre respondía: "dos no hablan si uno no quiere". Y tenía razón. Una conversación requiere al menos dos personas, uno habla y otro escucha. Si ignoras al otro, antes o después opta por callarse. Esta era la tesis que con acierto mantenía la profesora. Tras la bronca, no quedaba más remedio que pedir disculpas y asumir la culpa. Estos días me acuerdo mucho de aquella enseñanza, aplicable también a la demanda social de un pacto de estado entre los dos grandes partidos políticos para sacar a España de la crisis económica. Igual de cierto que "dos no hablan si uno no quiere" es que para alcanzar cualquier acuerdo es necesario que dos tengan voluntad. No parece que ni PSOE ni PP estén por la labor de llegar a un consenso sobre las medidas más oportunas para reducir el paro y reflotar la actividad productiva. Hasta el Rey les reclama un esfuerzo, aunque desde los sectores más izquierdistas le han criticado por ello. ¿Será por republicanismo o por mala conciencia? Siempre me ha parecido injusto, profundamente injusto, decir que todos los políticos son iguales. En esto coincido con el locutor Paco González, quien en plena jornada de reflexión de 2004 indujo a votar a Zapatero por las mentiras del 11-M. Los políticos se parecen unos a otros pero resulta fariseo meterlos en el mismo saco. Siempre hay uno que tira la primera piedra y ese suele ser experto en aparentar que la culpa es del contrario. Zapatero se pasó la anterior legislatura acusando a Mariano Rajoy de radicalismo, incluso cuando defendía a personas tan inocentes como las víctimas del terrorismo. Aquella estrategia surtió efecto porque el PP estuvo cuatro años solo en la oposición. Fue incapaz de dialogar y alcanzar acuerdos con otros partidos. Ahora, en cambio, es al revés. El Gobierno pierde votaciones en el Congreso casi todas las semanas. El PSOE se ha quedado solo por su inacción contra la crisis y sus múltiples errores de gestión. Está empecionado en aplicar su ideología de izquierda para salir del agujero, pero ni siquiera consigue el apoyo de Esquerra Republicana, Izquierda Unida y el Bloque Nacionalista Galego, sus principales aliados hace cuatro años. Por algo será. El propio Zapatero reconoció en rueda de prensa el pasado 30 de diciembre que sus diferencias ideológicas impedían un pacto económico con el PP. No se da cuenta de que a los ciudadanos nos traen sin cuidado las ideas en estos tiempos que corren. Lo único que nos preocupa es tener trabajo y recuperar el nivel de bienestar que hemos perdido con su Gobierno. Así que la vieja estrategia de culpar al PP ya no cuela. Sabemos que Rajoy no es un político modelo, pero tampoco es el demonio. No tiene sentido que Zapatero mire para otro lado cuando todo el mundo le pide que escuche las propuestas de la oposición: especialmente del PP y de CiU. Cuando Rajoy no suponía una amenaza la pasada legislatura, se reunía con él tres veces al año. Ahora hemos olvidado la última vez que se vieron porque Zapatero no quiere regalarle una foto en La Moncloa. Quizá tenga miedo a que los españoles vean en ella el futuro.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito