Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

SIN CONCESIONES

Razones a favor del aborto

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión18-10-2009

Cuando tenía 16 años veía con buenos ojos el aborto. A esa edad debe de ser la única solución que pasa por la cabeza de un adolescente ante la posibilidad de un embarazo. Casi nadie desea tener un hijo tan temprano. Un embarazo parece una barrera en el desarrollo personal de un joven y, seguramente por eso, cuando te salen los primeros pelos en las piernas no se te ocurre otra alternativa que abortar. Decenas de miles de chavales recurren a esa solución cada año. No piensan en el bebé. Cuando yo tenía su edad, tampoco lo hacía. Sólo me preocupaba de mi futuro. Era egoista. Si una de mis amigas se hubiera quedado embarazada, puede que hubiera comprendido que escogiera esa opción. Hay que ser muy maduro para hacer lo contrario. Exige dejar de pensar en uno mismo, asumir la responsabilidad de tus actos y entender que la vida de un hijo está por encima de todo. Cuando llegué a la Universidad me dieron argumentos científicos y humanos contra el aborto. Los reflexioné y los entendí. Pero seguía pensando en mí mismo: "si a mí me pasara...". Siempre me quedaba la duda de si un óvulo recién fecundado era un ser humano. Nadie -salvo la ministra Bibiana Aído- tiene dudas de que un feto de tres meses es una persona con cabeza, brazos y piernas. Las ecografías son la prueba irrefutable que algunos se empeñan en no querer ver. Pero la incertidumbre todavía me aturdía. ¿El zigoto es un ser humano? Imaginaba cómo sería la vida en el útero materno y trataba de recordar en qué semana de mi embarazo (quiero decir el de mi madre) comencé a ser persona. Como mi memoria ni la de nadie llega tan lejos, me pregunté qué hubiéra sido de mí si mis padres hubieran abortado. Entonces, empecé a oponerme a cualquier interrupción caprichosa de un embarazo. Cuando salí de la facultad y comencé a trabajar, proseguí la investigación. Leí ensayos científicos y escuché a los expertos. Ellos tenían menos dudas que yo, pero intenté encontrar la verdad por mí mismo y dejé abierta una rendija a la duda. Busqué la raíz del problema y descubrí en la sociedad que el problema no es el aborto, sino la visión exclusivamente placentera que la juventud tiene del sexo. Comprobé con decepción que las series de televisión pervierten e invierten el concepto del amor. Aprendí que el mejor modo de evitar un embarazo es no correr siquiera el riesgo. Asumí la verdad del aborto y sus consecuencias. Pero seguí observando y estudiando. La madurez me empujó entonces al sentido común. Un embarazo no deseado es consecuencia de una irresponsabilidad. Un aborto es la solución más rápida para quienes sólo piensan en sí mismos. Un embarazo no deseado puede ser el motor que transforme a una pareja de adolescentes en adultos. Un aborto suele ser algo de lo que una mujer se arrepiente toda la vida. Un aborto es una persona que no llega a nacer. Un aborto es un niño indefenso al que se mata. Un embarazo no deseado implica por igual al hombre y a la mujer. Un aborto también debería implicar por igual a la mujer y al hombre. Un embarazo no deseado es la señal de cada persona debe ser dueña de sus actos. Un embarazo no deseado puede ser la solución a otra pareja que está deseando adoptar.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito