Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ROJO SOBRE GRIS

Mis Nobel de la Paz

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura3 min
Opinión12-10-2009

Pues sí. Hoy ha tocado John Lennon para música de fondo. Pablo Iglesias, nuestro director, me ha enviado un mensaje a todas mis cuentas de correo para recordarme que no he mandado aún este artículo. También mi madre me ha regañado porque no ha encontrado esta columna publicada a tiempo. Estas cosas no se deben hacer, no se puede llegar tarde a presentar una candidatura al Premio Nobel de la Paz y estar quebrando la confianza de quienes esperan en ti. Hacer la vida más fácil a los demás. Creo que ésa es una clave para la paz. Es justo lo contrario de lo que sucede cuando en hora punta vas en coche circulando por las carreteras de Madrid, y supongo que por cualquier ciudad del mundo. Pocos se comportan según las normas y muchos buscan de todas las formas posibles la manera de hacer trampas. Traicionan las reglas del juego justo en favor del bien común para buscar su bien particular. Se rompe la confianza en la cortesía y la buena educación de los demás y acabamos todos cabreados, sospechando del que va delante, del que va detrás, y de cualquiera que se nos acerque. El resultado es un ambiente de lucha urbana, y en la jungla del tráfico se vive una guerra en la que triunfa la ley del más fuerte. Rota la confianza en el buen proceder de los demás, estalla la guerra. Mi hermana se casa en unas semanas. El vestido está en Madrid, pero los pendientes que le gustaban los hace una artesana en Burgos. Cualquiera se imagina que ciertas cosas hay que verlas juntas para saber cuál es el efecto de la combinación. Pues bien: esta artesana burgalesa le prestó a mi madre unas joyas a cambio de nada para llevárselas a Madrid a la prueba del vestido de mi hermana. Ni nos conocía, ni sabía de nuestra intención, ni de nuestra sinceridad. Pero ella confió en que se las devolveríamos, en que no saldríamos corriendo, en que reconoceríamos el valor de lo que teníamos entre manos, en nuestra honestidad. Esta mujer le hizo más fácil la vida a mi hermana. Ni mucho menos unos pendientes son la clave del éxito o fracaso en una boda, pero cuando en la vida hacemos cosas importantes nos gusta que salgan bien, queremos disfrutarlas con intensidad. Y encontrarse a personas sensibles a las necesidades de los demás capaces de aportar valor a lo bueno que uno está haciendo te da paz, te confirma en lo valioso, descubres dentro de ti eso que se llama agradecimiento profundo y constatas que los demás sacan cosas buenas o malas de ti según te traten. Mi hermana irá al altar con un montón de experiencias buenas de personas que la han ayudado a que ese día pueda disfrutar de lo verdaderamente importante, personas enamoradas de su trabajo, personas que sin conocerla han dado lo mejor de sí mismas para que ella disfrute. Qué gran regalo estos ejemplos de vida, poder constatar aún hoy que nuestra forma de tratar a los demás, de vivir y de trabajar cambia el mundo porque cambia vidas concretas. Pablo estuvo la noche del domingo esperando hasta la una y media de la madrugada a que le enviara este artículo, confiando en que yo no fallaría. Pero fallé. No somos perfectos, pero cuando metemos la pata, pidamos perdón y restauremos la confianza aportando de nuevo lo mejor, como si del primer día se tratase. Rojo sobre gris a los Nobel de la Paz anónimos y cotidianos. A quienes confían. A quienes piden perdón. A quienes perdonan.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo