SIN CONCESIONES
Crisis... de gobierno
Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión12-04-2009
Que Zapatero haga una crisis de gobierno no significa que el Gobierno esté en crisis. Aunque en este caso coinciden ambas circunstancias. Cuando un presidente cesa a un ministro, es que tiene un problema. Cuando un presidente cambia a seis ministros, es que es un desastre. Lejos de parecer exagerado, voy a contar algunos detalles de esta crisis: - Ahora sabemos que Zapatero decidió cambiar a sus ministros por la derrota de las elecciones autonómicas en Galicia. Pobre César Antonio Molina... ¡qué culpa tendrá él de que al PSOE le vayan mal las cosas para que tengan que sustituirlo! - Zapatero ha quitado a los ministros que estaban más quemados (Pedro Solbes y Magdalena Álvarez) pero en sus sustitutos no ha buscado que sean eficientes contra la crisis. - José Blanco, Manuel Chaves y Trinidad Jiménez no están en el Ejecutivo por su solvencia en la administración, sino por su carnet socialista y afilición personal al proyecto de Zapatero antes incluso de que fuera secretario general. - Que Molina salga del Ministerio de Cultura y entre Ángeles González-Sinde es la enésima prueba de la subordinación de Zapatero al mundo del cine. Ya teníamos las pruebas del "¡No a la guerra!", el canon digital y la campaña de la Zeja. Podría haber suprimido el ministerio pero ha preferido regalárselo a una de clan. - Lo mejor de los cambios es que un académico como Ángel Gabilondo esté al frente de Educación, aunque esté entregado al PSOE. Lo malo es que al asumir las universidades ha dejado prácticamente sin trabajo a la incansable y discreta Cristina Garmendia, la mejor ministra del Gobierno. En toda remodelación siempre se miran los nombres y las caras. Pero lo más importante de esta crisis es lo que no se ve a simple vista: las competencias. Cuando Zapatero tomó posesión hace un año estableció un organigrama que mereció todo tipo de críticas por el caos que podría generar entre los ministros. Y así ha sido. No tenía sentido dividir Educación y Universidades, ni separar I+D de Industria, ni crear un Ministerio de Igualdad, ni mantener el de Vivienda fuera de Fomento. En menos de doce meses ha rectificado aquel reparto, pero sólo a medias. Podría haber concentrado departamentos y haber suprimido ministerios para ahorrar gasto público y dar ejemplo de austeridad. Pero tampoco lo ha hecho. Hace un año quitó la Política Social a Trabajo para ubicarla en Educación pero ahora cambia de opinión y la pasa a Sanidad. También ha incumplido su promesa de crear un Ministerio de Deportes porque prefiere asumirlo él. En resumen, el nuevo reparto de competencias es la prueba irrefutable de que Zapatero cometió un grar error hace un año. Un presidente se puede equivocar al nombrar un ministro, pero no al organizar su Gobierno. Un presidente se puede equivocar en un par de nombramientos, pero no en los 34 que lleva en apenas cinco años. Cuando han fallado tantos, es evidente que el problema está más arriba. La última aclaración que cabe hacer es que Elena Salgado es una fantástica gestora, sumamente responsable, entregada a su labor, cortés y muy preparada. Pero Zapatero no la ha nombrado ministra de Economía por estos argumentos, pues en el equipo de Solbes había varios iguales que ella o incluso mejores. El presidente ha destacado de ella su "lealtad". Quiere un ministro de Economía que deje de ser el pepito grillo que siempre fue Solbes. Desde su cautela y experiencia, el abuelo del Ejecutivo le dijo "no" tantas veces que Zapatero acabó por hartarse de él. Ahora no quiere complicaciones, quiere entregados, gente que no le rechiste y que acate las órdenes por equivocadas que sean. Eso es precisamente lo que no hacía Solbes y por eso le han cesado.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito