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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Una sentencia histórica

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional12-04-2009

La actualidad internacional durante la semana pasada dejó una condena judicial histórica para Perú. El ex presidente Alberto Fujimori, de 70 años, fue condenado a 25 años de prisión por los crímenes contra la Humanidad cometidos durante su mandato entre 1990 y 2000. Fue precisamente en 2000 cuando Fujimori, acuciado por la corrupción de su Gobierno y por los escándalos de su entonces mano derecha, Vladimiro Montesinos, huyó a Japón, de donde eran originarios sus antepasados. Al menos (y nótese la ironía), tuvo el gesto de presentar su dimisión por fax desde territorio japonés, donde estuvo hasta que a finales de 2005 fue arrestado en Chile. En este país sudamericano había hecho escala previa antes de regresar a Perú para intentar volver a presentarse a las elecciones. El tribunal ha condenado a Fujimori por homicidio calificado y asesinato con alevosía, lesiones graves y secuestro por las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, que dejaron 25 muertos a principios de la década de 1990. El juez considera que existen pruebas irrefutables en contra del ex mandatario y que se tejió una red pública para cometer los crímenes. Ahora sólo falta ver qué va a pasar con Fujimori –ya que su edad es avanzada– y desear que la polarización de la sociedad sea algo temporal alentada al calor de la sentencia. Por el momento, las autoridades judiciales se muestran reacias a conceder algún beneficio penitenciario. Mientras tanto, en las calles, los seguidores y detractores de Fujimori han protagonizado enfrentamientos verbales que en algunos casos han terminado con violencia. Pese a la condena, conviene señalar que durante los diez años que Alberto Fujimori estuvo en el poder también hubo buenos momentos, como por ejemplo sus éxitos contra los grupos terroristas Sendero Luminoso y Tupac Amaru. Ahora, con la condena, los peruanos deben mirar al futuro. Si los seguidores de Fujimori no están de acuerdo con la sentencia que apelen ante los tribunales de su país o, si lo estiman oportuno, ante los internacionales. Una división social nunca es buena y lo único que hace es dificultar el progreso, el bienestar y la convivencia.

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD