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ANÁLISIS DE ECONOMÍA

El afán por destruir

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura1 min
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La crisis ha servido para zanjar la desigualdad entre sexos en el terreno del desempleo. Por decir algo. Ya hay más parados que paradas, pero esto es un triste consuelo para la lucha de género en medio de una coyuntura totalmente destructora de la producción. Y es que despedir por precaución, por miedo, o por aprovechar para ahorrarse algo de dinero usando la crisis como excusa -como parece suceder en ciertos medios de comunicación- no sirve más que para agrandar el agujero. Es un círculo sencillo y vicioso: ha aumentado el ahorro y ha bajado el consumo. ¿Por qué? Porque hay menos dinero que gastar merced a la eliminación de puestos de trabajo y a la entrada de numerosas personas en las listas del desempleo. A menos demanda, menos producción. Y, de nuevo, más paro. Está claro que hay que apretarse el cinturón, pero quizás no de la manera en que se está haciendo. ¿Quién va a comprar un coche o una vivienda si los bancos son cada vez más exigentes a la hora de conceder un crédito? ¿Y quién se va a gastar el dinero en novedades tecnológicas si se asusta a la innovación y se prima el conservadurismo empresarial como forma de superar el temporal? ¿Por qué no ayudar a adquirir vehículos cuando realmente se necesita y es ecológicamente sostenible? ¿O por qué no subvencionar la renovación tecnológica para evitar que una empresa tire de chequera para pagar liquidaciones y desmantelar media plantilla por puro temor a la incertidumbre? Por lo menos, habrá que agradecer que en medio de esta ola de frío no nos hayamos quedado sin calefacción, porque en ciertos lugares el afán destructor también se extiende dejar sin gas al vecino.

Fotografía de Gema Diego