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ROJO SOBRE GRIS

Casi lo odiaba

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura3 min
Opinión14-12-2008

“Llama, pero no lo escuchamos”. No recuerdo bien quién lo decía. Sé que era formador de novicios de una congregación religiosa. Lo cierto es que oigo mucho hablar de la escucha últimamente. Por supuesto, a mi marido, que a veces la apellida y prefiere decir “escucha activa”. También los médicos nos recomiendan “aprender a escuchar a nuestro cuerpo”. Se lo he oído comentar a dos personas en una semana cuando salían de sus sesiones de fisioterapia con dos médicos distintos. Los ejercicios espirituales de los cristianos -a diferencia de la llamada meditación oriental- consisten en buscar el silencio interior, que no es la nada, el vacío o una especie de quedarse en blanco. Son también escucha. Implican un ejercicio del espíritu para disponer nuestro interior a la escucha de Dios. Lo curioso es que Dios habla. Una realidad tan increíble bien merecería estudios serios, análisis periodísticos sin prejuicios, producciones cinematográficas y literatura de calidad. No está de moda abordar estas cosas con rigor y profundidad. Como mucho, con cierto exotismo. Como poco, con burla, escepticismo y demagogia. Pero ahí están conventos de clausura llenos, como el de las clarisas de Lerma, y congregaciones religiosas recibiendo la gracia de ofrecerle al mundo entre 50 y 60 sacerdotes al año, como los legionarios de Cristo. En el mes de diciembre, esta congregación publica un libro –Vivir para Cristo- con la historia personal de cada uno de los 49 jóvenes que serán ordenados sacerdotes el próximo día 20, y de otros 4 más. Se han preparado durante más de 10 años para este momento. Ellos mismos han relatado de su puño y letra la historia de sus vidas, y cómo un día sintieron con certeza total que era Cristo mismo quien les invitaba y los escogía personalmente para dedicarse a Él. A mí me conmueve esta publicación que los legionarios hacen cada año. Me conmueve lo que estos jóvenes dicen de sus familias. Pienso cuántos padres y madres darían su vida por escuchar en boca de sus hijos lo que estos nuevos sacerdotes dicen de los suyos. Me conmueve descubrir cuántas personas han contribuido, muchas veces sin saberlo, a cada una de estas historias tejidas de pequeñas cotidianeidades apenas significativas pero finalmente decisivas. Sobre todo, me conmueve vislumbrar la mano de Dios; su voz, su llamada. Me conmueve la suavidad con la que interviene en cada una de esas vidas, a susurros o en voz alta; nunca impositivo y siempre irresistible; respetando el modo de ser de cada uno, y sacando al mismo tiempo lo mejor de cada vida pacientemente, como un maestro. Me impresionó el testimonio de un tinerfeño. Nunca conoció a su padre. Cuando tenía 7 años, su madre se casó. Él confiesa que nunca aceptó como padre al nuevo marido de su madre, que para él era “un extraño y casi lo odiaba”. 17 años después de ingresar en la congregación de los legionarios de Cristo, y a pocos días de ordenarse sacerdote, escribe esto: “Al seguir la llamada de Dios, he aprendido a valorar, apreciar y amar lo que tuve y sigo teniendo, si bien no físicamente por la lejanía. Ahora entiendo por qué me exigía, por qué quería lo mejor de mí. Sé también que a él le costaba acercarse a nosotros, y que a pesar de su cariño yo le respondía con indiferencia. Sólo ahora valoro todo lo que ha hecho por mí y muchas veces me gustaría tenerlo junto a mí para aprender más de él. A la vez considero una gracia poder amar a un padre que siempre e incondicionalmente estuvo a mi lado sin que yo me diera mucha cuenta”. Es una ejemplificación de que el amor todo lo transforma, de que da fruto antes o después, ensancha nuestro corazón, enfoca la mirada, agudiza los oídos, nos abre a los demás, nos arranca de nuestro egoísmo, de nuestras pequeñeces e incomprensiones; y nos lleva a plenitud. Rojo sobre gris a estos 53 nuevos sacerdotes. Porque ellos nos enseñan que, muy al revés de como se suele decir, sólo se conoce bien aquello que se ama. Cuando amamos, y sólo entonces, empezamos a escuchar, a ver; y a conocer.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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