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Aprender a escuchar

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión16-11-2008

Casi 350 páginas. Tanta letra dedica Aquilino Polaino (doctor en Psiquiatría, licenciado en Filosofía y catedrático de Psicopatología durante más de tres décadas) a un tema cada vez más de moda: la escucha activa. Aprender a escuchar es un libro escrito desde el agradecimiento y la urgencia. El agradecimiento a sus pacientes, pues Polaino sabe que escucharles le ha hecho más humanos. La urgencia del mundo en que vivimos, pues quizá el problema más acuciante de nuestro tiempo es la incapacidad del hombre para escuchar. Para escucharse a sí mismo, al otro, al mundo, a Dios. Sobre la comunicación se ha escrito mucho desde el principio de los tiempos. Sin embargo, sobre la escucha, la tradición ha legado pocas palabras. Importantes, pero pocas. Seguramente, porque escuchar era algo que el hombre antiguo hacía más o menos habitualmente. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, la escucha se ha vuelto algo problemático. El primer monográfico dedicado al tema -aunque sea indirectamente- del que tengo constancia es El arte de callar, del Abate Dinouart. Lo escribe en tiempos revueltos: cuando la imprenta permite la proliferación de cientos de libros que, sin ella, o no se hubieran escrito, o no se hubieran difundido, pues las dificultades previas a la aparición de la imprenta hacía que sólo las mejores obras merecieran el esfuerzo de ser “dictadas y copiadas” por los monjes copistas. La aparición del Arte de callar nos da dos pistas. La primera: que cuando se empieza a escribir mucho sobre algo que anteriormente apenas merecía pocas referencias es precisamente porque algo se ha vuelto problemático. Es decir: que si hoy alguien dedica 350 páginas a reflexionar sobre la escucha, es porque aprender a escuchar se ha vuelto un problema grave. La segunda: que aprender a escuchar se vuelve un problema grave precisamente cuando nos sobran los estímulos informativos. La aparición de la imprenta y la difusión indiscriminada de libros -buenos, regulares y penosos- desorienta a quienes antes sabían que un libro, siempre, era bueno. La omnipresencia hoy de los medios de comunicación, de la propaganda y de la publicidad ataca tanto a nuestros sentidos que o bien los cierra sistemáticamente a todo (convirtiéndonos en “hombres-isla”, aislados del entorno) o bien nos tiene completamente extra-vertidos, superficiales, saltando de una noticia a otra, de un anuncio a otro, de un discurso ideológico a otro, sin tiempo para profundizar, meditar, asimilar o discutir nada. De ahí que, precisamente en nuestro tiempo, una obra como la de Polaino resulte imprescindible. No sólo por las razones que ofrece para recuperar el valor de la escucha (pues es gracias a la escucha como nos abrimos al mundo, aprendemos, colaboramos entre los hombres, nos comunicamos y, en definitiva, nos humanizamos), sino, también, porque plantea cuestionarios para evaluarnos y propuestas para mejorar en esta crucial tarea. Hoy más que nunca conviene recordar a Pitágoras cuando sostenía que “el silencio y la escucha son la primera piedra del templo de la sabiduría”. Hoy quizá la Iglesia y el pueblo judío deberían revisar su lista del los diez mandamientos y codificar el que, en el fondo, es el primero de todos: “Escucha, Israel: amarás...” Hoy conviene releer la genial Momo, de Michael Ende, cuya protagonista oponía a los hombres grises -ladrones del tiempo del corazón-, su capacidad de escucha. Pues sólo en la auténtica escucha, que es el primer gesto de acogida a la humanidad del otro, puede aparecer ese lugar donde la vida se ensancha.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach