ANÁLISIS DE SOCIEDAD
Cuerpos, huesos y derechos
Por Almudena Hernández
1 min
Sociedad07-09-2008
Se supone que lo que queda de su cuerpo está en Extremadura. Le tocó caer en el bando republicano y allí murió, en aquel lado, asesinado en una guerra entre hermanos. Posiblemente esté enterrado en un descampado, en un sembrado, hacinado con otros huesos acribillados a balazos en una cuneta. No lo conocí. Era, uno más, pero no uno cualquiera: también fue hermano de mi abuelo. Quizás sus huesos aparezcan un día y alguien ponga nombre a su esqueleto, a un peine que llevaba en el bolsillo o a un anillo que quedó en su dedo. Pero no por eso estará ni mejor ni peor vengado, ni más o menos reconocido. No creo que pase a la historia. No tuvo hijos. Su pueblo quedó a cientos de kilómetros. La casa donde vivió ya no existe. Apenas podrá ser recordado. Han muerto prácticamente todos sus hermanos. Mi abuelo, que también dio con sus huesos con la tierra, aunque de viejo, también estuvo en "su" bando. Jamás quiso hablar de la guerra. A su hermano sólo le recordaba vivo, con las bromas que le hizo. Para olvidar los desastres traumáticos algunos psiquiatras proponen pasar página. Seguramente mi abuelo se fue a la tumba con los recuerdos más horribles de la contienda que le tocó vivir. Otros, sin embargo, prefieren echar sal a las heridas, y les trae al fresco que escueza en las yagas del de al lado. Y se ponen a remover la tierra. Pero el gobierno español ha decidido que los huesos del hermano de mi abuelo, al que no conocí y al que el padre de mi madre no quiso desenterrar, tengan más derechos que los que fracturó una bomba de ETA, valgan más que los cartílagos molidos en las clínicas abortistas y reciban más honores que los cuerpos que escupió el Estrecho.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo