ANÁLISIS DE DEPORTES
Las dos caras de España
Por Roberto J. Madrigal
3 min
Deportes15-06-2008
La Eurocopa, a falta de sorpresas que aún se han de desvelar, está dejando pistas de quién puede, pero sobre todo, de quién puede no ser el campeón. Holanda, por ejemplo, es el gran favorito junto con Portugal; el combinado oranje, entrenado por un mito como Marco van Basten, busca en el trabajo de grupo el equilibrio entre la solvencia defensiva y la chispa en el ataque, con un rasgo casi único: la proyección rematadora de sus mediocampistas. Luiz Felipe Scolari, en cambio, recurre a un esquema más disciplinado, en el que descolla la capacidad creativa de Cristiano Ronaldo, pero con excelentes secundarios. En cambio, los equipos planos y con menor fuerza defensiva están sufriendo: los casos más flagrantes, en parte por la dificultad de su grupo, en parte por sus propios defectos, son los de Francia e Italia. España, en tanto, ha tenido un comienzo relativamente plácido en el Europeo. Sólo relativamente, porque se ha medido a rivales accesibles, como han sido Rusia y Suecia, pero que en ambos casos han mostrado por qué pueden ser peligrosos. Con un denominador común: España ha empezado sus partidos enchufada y ha tomado ventaja, pero después piensa en no hacer más esfuerzo del necesario, renuncia a la pelota, especula y acaba sufriendo en defensa. Contra los rusos, bastó la inspiración de David Villa para aprovechar los espacios; contra Suecia hubo que sufrir más y esperar a otra genialidad del Guaje para que, con la eliminación de Grecia, se certificara la clasificación a cuartos de final. El termómetro de España, por tanto, son los centrocampistas. Contra Suecia, por ejemplo, fueron David Silva y Andrés Iniesta, los lugartenientes de Xavi Hernández, que participaron en ataque pero no olieron la pelota cuando España se limitó a defender. Luis Aragonés dio entrada a Cesc Fábregas y a Santi Cazorla para tratar de insuflar aire fresco y volver a enlazar con los delanteros, toda vez que Marcos Senna aseguraba la eficacia defensiva y que Silva aún tenía fuelle para la transición al ataque. Pero la defensa, con la lesión de Carles Puyol o sin ella, es la línea más floja del equipo: los centrales no imponen suficiente poderío, hay dudas en el equilibrio entre defensa y ataque por parte de los laterales -especialmente Sergio Ramos, muy blando en algunas fases del partido- e incluso se adivina un cierto apocamiento en la autoridad que debería insuflar Íker Casillas. Así pues, el principal factor que demuestra la condición de aspirante, que no de favorito, que tiene la selección española es el sicológico. España se sabe capaz de jugar bien, dominando la posesión, y tiene unos artilleros de garantías en Villa -máximo goleador del torneo, por ahora- y Fernando Torres. Pero las lagunas y la pérdida de concentración -traducidas en los dos goles encajados- lo convierten en un equipo vulnerable, que se encuentra en la tesitura de un nuevo esfuerzo para llegar al objetivo de ganar. Y ahí, en ese esfuerzo por mentalizarse de nuevo, es cuando aparecen la precipitación, las imprecisiones y, en caso de que -como pasó con Suecia- no llegue el gol, los nervios. Así pues, España es un equipo que peca de irregular, aunque hasta ahora ha sido capaz de imponer sus virtudes. Las eliminatorias por el título, sin embargo, serán harina de otro costal: la fragilidad del equipo supone un riesgo altísimo cuando desaparece el margen para el error.
