PUNTOS DE DEBATE
Huelga y alarma social
Por Elías Said
2 min
Opinión15-06-2008
La semana pasada tuvo lugar una de las huelgas más temidas en España, la de los transportistas de mercancías. Piquetes de camiones cerrando autovías y carencia de alimentos en los supermercados es una dinámica que parece estar quedando atrás, ya que parte de los que convocaron esta huelga han llegado a un acuerdo con el Gobierno, mientras que la otra parte no termina de aceptar lo ofertado por éste. En el marco de este contexto, han surgido voces críticas al Gobierno y un clima de histeria colectiva, que más que ayudar, han sobredimensionado la situación y sus posibles consecuencias. En lo que respecta a las voces críticas, comparto lo que muchos ciudadanos piensan: que bien el Gobierno actuó tarde y de forma desordenada al no atender las advertencias de los huelguistas, o bien, no han sido capaces de manejar adecuadamente las comunicaciones con éstos y ante los medios, en pos de actuar con prontitud para solucionar un tema que ha tenido en jaque a diversos sectores de la sociedad. En segundo término, el clima de histeria colectiva que propició el desabastecimiento, tanto de pequeñas tiendas como grandes superficies, a tan solo 48 horas de haberse iniciado dicha huelga. Todo esto, producto de la alarma social creada por los medios locales y nacionales al momento de cubrir dichas acciones de protesta, en tono sensacionalista y tratando de exprimir al máximo la noticia sin, muchas veces, tener en cuenta los graves efectos que dichos mensajes producen en el ciudadano de a pie, quien, como es lógico, se apresta a vaciar los estantes de los supermercados. Tras lo vivido esta semana, hay dos puntos que me gustaría resaltar. En primer lugar, el Gobierno debe asumir estrategias más acordes con el contexto social y de conflictos que puede encontrarse en la legislatura, fundamentalmente en el marco en que nos encontramos en la actualidad, a las puertas de una crisis económica regional, al tratar de infundir tranquilidad a los ciudadanos como garantes de la salvaguardia de los intereses y del bienestar de éstos que son. Esto lo digo con la conciencia de no sentirme capaz de valorar eficientemente las decisiones tomadas por el Gobierno, pero sí echando en falta una mayor proactividad de éste, ya que hubo en toda la semana pasada más ruido mediático que mensajes tranquilizadores y acciones del Ejecutivo. Por otro lado, se ha constatado una vez más el rol de cuarto poder que tienen los medios de comunicación que, con su deber de servicio público, muchas veces terminan preñando lo implícito de este concepto con el sensacionalismo, fomentado generalmente por los dirigentes de dichos medios, preocupados más por el rating, share y demás mediciones que por las posibles consecuencias que el manejo de los hechos noticiosos traerán consigo a la sociedad. A estas alturas ¿quién ha ganado esta huelga? Los comercios, los medios de comunicación y los espacios publicitarios. Así, quedan como grandes perdedores los huelguistas, los ciudadanos, que siempre pagan los platos rotos, y el Gobierno, que no ha sabido dar una imagen clara y eficiente ante el conflicto.
