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SIN CONCESIONES

El nuevo teléfono de Gila

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión28-05-2008

Era uno de los mejores, sino el mejor. Miguel Gila sacaba una sonrisa a cualquiera con un simple teléfono y su ingenio. Fue el rey del humor durante muchos años. Descolgaba el aparato y, sin quitarse el casco militar de la cabeza, iniciaba la conversación: - ¿Es el enemigo? Le quería preguntar una cosa: ¿ustedes van a avanzar mañana? ¿A qué hora? No, a las seis estamos todos acostados. ¿No podrían avanzar por la tarde, después del fútbol? ¿Y van a venir muchos? ¡Hala, qué bestias! No sé si habrá balas para tantos. Bueno, pues entonces quedamos así. Hasta el domingo, que usted lo mate bien. Gila era capaz de hacer reir con lo que habitualmente hace llorar a cualquier persona. El absurdo y esperpento de sus conversaciones con el enemigo conseguían sacar una sonrisa tras otra. Por eso era tan querido y tan aplaudido por el público. En eso consiste el humor. Cosa distinta ocurre cuando el absurdo y el esperpento se traslada a otros ámbitos más serios de la política. Si Miguel Gila hiciera chistes con los asesinatos por malos tratos, seguro los colectivos feministas se le echaban encima y le tachaban de retrógrado. Hay problemas actuales con los que no caben bromas ni ironías. Por eso, no se entiende que la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, haya anunciado un teléfono para maltratadores. Además del 061 al que pueden llamar todas las mujeres que sufran agresiones de sus parejas, ahora quiere poner en marcha un número para que llamen los hombres al más puro estilo de Miguel Gila. La conversación es fácil de adivinar: - Oiga... ¿es el enemigo? Mire, voy a pegar a mi mujer. ¿Cuándo les viene bien? Como mucho puedo esperarles media hora. ¡Ah! Qué ahora están viendo el partido de la Eurocopa... sí, yo también. Pues lo dejamos para después de la cena. Ya romperé un plato para forzar la discusión. Venga, hasta que me detengan. Lo único bueno del teléfono para maltratadores de Bibiana Aido es que nos ha hecho recordar a uno de los mejores humoristas españoles de todos los tiempos. Si viviera, Gila sabría sacar un jugo sarcástico a las ideas estrambóticas de la ministra de la feminización de las ideas y las palabras. Si para Aido hay "miembros y miembras" de una comisión, habría que preguntarle si Miguel Gila era humorista o humoristo y si los hombres somos periodistas o periodistos. Cuando los políticos actúan sin saber y sin pensar, lo menos que puede ocurrirles es que ubiquen sus propuestas en el absurdo. Así ocurre con la ministra Aido, a la que los jóvenes de su generación miramos con vergüenza por transmitir una imagen muy por debajo de lo que somos. Zapatero y De la Vega nos piden que no la juzguemos por sus errores lingüísticos sino por su gestión en el Gobierno. Hagámoslo: Aido se comporta como si ella fuera un humorista y el Gobierno fuera un programa de televisión desde el que hacer reir a los ciudadanos. Su teléfono para maltratadores se parece al de Miguel Gila pero no nos hace reir. Únicamente nos demuestra que el Ministerio de Igualdad es una broma de mal gusto y que poner a Aido al frente es un chiste.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito