ANÁLISIS DE DEPORTES
Alternativas, sorpresas y espectáculo
Por Roberto J. Madrigal
2 min
Deportes27-01-2008
El titular resume las tres grandes sensaciones que me deja el Abierto de Australia. Se trata del Grand Slam que tal vez pase más desapercibido, por la lejanía y la diferencia horaria para ver los partidos en directo en Europa, pero salvando las peculiaridades de Roland Garros y Wimbledon, con características propias, resulta mucho más atractivo -si cabe- que el Abierto de Estados Unidos. El que suscribe quedó prendado del torneo en 2003, el año en que Andre Agassi, que ya mostraba sus primeros achaques, fue capaz de aguantar por última vez dos semanas y exhibir toda la riqueza de su juego. Además de una afición sana, bulliciosa, aunque un tanto tendente al exceso, a olvidar toda aquella flema y tradición que tiene el tenis para sumergirse en el juego del fanatismo, aunque sea bien entendido. El declive de Agassi, tras el canto del cisne del irregular Marat Safin en 2005, dio paso al dominio de Roger Federer, que con permiso de Rafael Nadal, había iniciado un paseo que parecía imparable. Aunque la relación de amistad con el español le permitía llevar mejor la rivalidad, la exigencia con cualquier otro jugador le había llevado a jugar en los últimos tiempos, tras decidir romper el vínculo con su entrenador Tony Roche, con una cierta inercia, reservándose los golpes de genialidad. Pero la estrategia, convertida en un (mal) hábito, no le sirvió para reaccionar contra Novak Djokovic, que apunta como la tercera fuerza en liza para la temporada que acaba de comenzar. A pesar de que Nadal, pasito a paso, cada año llega más lejos: eso sí, su trabajo de hormiga para corregir los pequeños vicios que aún tiene su juego quedó en evidencia contra un inspirado Jo-Wilfried Tsonga… al que la falta de costumbre en jugar finales le pesó en demasía en Melbourne. Su oportunidad de alzarse con un grande aún deberá esperar. Así pues, la temporada encuentra nuevos alicientes, en lugar de mirar hacia los candidatos a ocupar las últimas plazas para el Torneo de Maestros, el telón de cierre del año tenístico en el circuito ATP. Lo mismo que, con distintos matices, sucede en el cuadro femenino: Maria Sharapova demuestra que no tiene nada que ver con la flor de un día que fue Anna Kournikova y ya se ha alzado con su tercer Grand Slam, pero habrá que estar muy pendientes a la evolución de la serbia Ana Ivanovic, pendiente de refrendo con un título de postín, y sobre todo, a la reacción de la bestia en que, por hambrienta de ambición, se pueda convertir la belga Justine Henin. Aunque el lugar para las españolas sea testimonial, y aunque se hace bastante complicado en ocasiones rastrear las retransmisiones, no hay duda de que el esfuerzo merece la pena. O eso, o desplazarse unos días al verano australiano…
