SIN CONCESIONES
La España de Zapatero
Por Pablo A. Iglesias
4 min
Opinión25-02-2007
Hoy no voy a hablar de política sino de cine. Al menos eso me he propuesto parcialmente después de quedar ojiplático al ver una película italiana que esboza un pequeño retrato de la España actual. Se trata de Manuale d´amore 2. El largometraje pretende ser una recopilación de consejos para las relaciones de pareja. Pero habría que escuchar al Arcipreste de Hita si levantara la cabeza. El autor del Libro de buen amor a buen seguro sufriría un infarto al corazón cuando comprobase que en pleno siglo XXI el amor que promueven algunos es el de una enfermera que se lia con su paciente una semana antes de casarse, el de una pareja estéril que rompe su matrimonio por la imposibilidad de tener hijos, el de dos homosexuales capaces de renunciar a su familia y su país con tal de unirse por ley y el de un hombre maduro que abandona a su mujer e hija por una jovencita de apenas veinte años que, además, es madre soltera. Manuale d´amore 2 refleja a la perfección la pérdida de valores que padece Europa y la crisis que atraviesa la institución familiar. Frente al amor verdadero, el respeto entre enamorados, la lealtad en el matrimonio y el cuidado de la familia, la película ensalza las infidelidades y las relaciones esporádicas. Lo más curioso es que, en una película italiana, España aparece presentada como el paraíso de la libertad sexual. Así, los homosexuales vienen al país de José Luis Rodríguez Zapatero a contraer matrimonio sin necesidad de papeles ni testigos, como si casarse fuese igual que matricularse en un curso de idiomas por correspondencia. En esta particular loa a la legislación española, la ciudad de Barcelona se convierte en el paradigma del libertinaje, con concejales dispuestos a casar a cualquiera, aunque llegue con horas de retraso, y clínicas de inseminación artificial en la que uno elige el bebé que desea tener, como quien acude al mercado y pide un kilo de tomates o cuarto de embutido. Pero lo peor llega cuando una actriz como Elsa Pataky interpreta a una española llegada a Italia en busca de su padre y que, en cambio, olvida su misión cuando encuentra a un hombre maduro, casado y con una hija adolescente. La española, como la llaman los propios protagonistas, se convierte en fácil y viciosa amante. Su papel es similar al que hace 15 años representaban las propias italianas en películas de pobre guión o al que jugaban las suecas en los largometrajes españoles de la última etapa del franquismo, aquellos del destape. Lo más preocupante es que España aparece idealizada en esta pérdida de valores familiares y morales que vive en estos últimos años. El triunfo electoral de José Luis Rodríguez Zapatero tras el atentado del 11-M en 2004 le otorgó una publicidad mundial que, visto lo visto, ha aprovechado de manera muy distinta a como cabría esperar. España es admirada por las minorías sociales de medio mundo que luchan contra los valores tradicionales que inculcó Europa y que durante siglos posteriores exportó por todos los continentes. Aquí no sólo vamos camino de destruirlos sino que, para colmo, somos admirados por suicidas sin principios y promotores de la anarquía. Son tantos los seguidores de esta cultura antiprogreso que dice llamarse progresista que en Francia han bautizado como Zapatera a Segolene Royal, la candidata socialista a la Presidencia de la República. El calificativo no podía ser más acertado, por su buena imagen y don de gentes, pero allí han estado más sagaces que nosotros. En cuestión de meses han quedado al aire sus numerosas carencias formativas y su falta de preparación para gobernar. Aquí tardamos mucho más tiempo y, cuando nos dimos cuenta, era demasiado tarde para arreglarlo. Ahora son otros, desde la distancia, quienes admiran a nuestro presidente del Gobierno. Los italianos, quizá por las torpezas aún mayores de Romano Prodi, alaban en sus películas la España de Zapatero hasta el punto de titular ¡Viva Zapatero! a una de ellas. No tengo nada en contra de Italia ni de los italianos, sino al contrario. Si Zapatero es uno de sus referentes resulta fácil comprender por qué sufre tantos problemas y convulsiones la política de ese país. Y si tanto les gusta a los italianos, la mitad de los españoles estamos dispuestos a meterlo en una caja, envolverlo con un lacito y mandárselo a la bota de Europa por correo urgente. Cualquier cosa con tal de quitárnoslo de encima.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito