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SER UNIVERSITARIO

Ser juez y parte

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión25-02-2007

El Gobierno de Zapatero -no me sale ya llamarlo Gobierno de España-, vuelve a violar la dignidad democrática con el nombramiento de Mariano Fernández Bermejo como ministro de Justicia. Ya lo hizo al situar al frente de Interior al ministro de los GAL, Alfredo Pérez-Rubalcaba; al difuminar el modelo de Estado constitucional con los nuevos estatutos; al debilitar la institución familiar un puñado de leyes insociales; y al rebajar el sistema educativo español aderezándolo además con adoctrinamiento político. El sistema democrático actual presenta muchas ventajas y graves inconvenientes. Estos últimos pueden paliarse cuando los partidos tienen la voluntad inequívoca de respetar el espíritu de las leyes, y no sólo la letra. Sólo así determinadas instituciones pueden mantener el prestigio y la autoridad moral que necesitan para que las cosas funcionen dignamente. Entre las instituciones que conviene respetar escrupulosamente, por ejemplo, están los medios de comunicación públicos, la familia, el sistema educativo, la Justicia, el gobierno del Interior y el proyecto de Estado. ¿Ha intentado Zapatero fortalecer, siquiera, una sola de estas instituciones? Me da a mí que más bien lo contrario. Como ya analizamos en su día todas las violaciones anteriores, toca hoy hablar de la Justicia. Dice el sabio refranero español que no se puede ser “juez y parte”, pues lo primero es radicalmente incompatible con lo segundo. Un razonamiento tan sencillo desacredita radicalmente el nombramiento de Bermejo como ministro de Justicia, pues es uno de los ideólogos del PSOE más beligerantes contra el Partido Popular -y contra más del 40% de los españoles a los que representa ese partido-. No había peor forma de politizar y desacreditar aún más a la Justicia que situar como cabeza visible y máximo responsable de ella a un partidista y partidario declarado. Uno podía tener sus dudas sobre cómo podía Bermejo ejercer el cargo, por eso de que existe la libertad humana y siempre podemos cambiar de actitud según muden nuestras responsabilidades. El caso es que en menos de una semana ha demostrado que no va a cambiar: cuestionó el interés del PP por acabar con ETA, cuestionó la legitimidad del Consejo General del Poder Judicial -institución por cuyo prestigio debería luchar- y desacreditó a sus oponentes políticos en su estreno en la cámara -como si el debate parlamentario fuera una molestia para alguien como él, que no necesita escuchar a nadie para saberlo todo-. Aunque si revisamos su actuar pasado y descubrimos cómo ha vivido siempre enclaustrado en los esquemas de su amada ideología -y de su odio a toda realidad que la contradiga-, me queda la duda de si, realmente, puede cambiar de actitud. Es la verdad la que nos hace libres: quien odia la realidad que no encaja en sus amados y cerrados esquemas, ya no puede ser libre. Ni, evidentemente, justo. ¡Ah, diosa Justicia! Ya no hay sócrates que den su vida por tu pureza, sino bermejos y zapateros que te violan como puta a la que ni pagan sus servicios.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach