SIN ESPINAS
Abrazamicrófonos
Por Javier de la Rosa
3 min
Opinión25-02-2007
Este era uno de los insultos favoritos que García dedicaba a los políticos y a los personajes del teatro que montó durante sus más de 35 años como locutor deportivo. La obra sádica que representaba cada noche en sus programas consistía en “descuartizar” a supuestos caciques del fútbol español -en el fondo no eran más que aquellos que no le dejaban mangonear o no le bailaban el agua-. Su lengua viperina y su talento para colocar los epítetos que adornaban sus calumnias le hicieron acumular un poder y una cuenta corriente inversamente proporcionales a su altura… física y moral. Un bonito reportaje de investigación de esos que le gustan a García consistiría en escuchar las declaraciones de las víctimas que este trovador de las ondas ha dejado a lo largo de su carrera. O de las familias, esposas, hijos, padres y madres de aquellos a los que García vituperó, no por un plato de lentejas sino para como él mismo dice: tener pagados desde hace muchos años todos los recibos de la luz. Pero ahora con la senectud, se sabe que los vicios del carácter se acentúan, García se va convirtiendo en una caricatura del personaje surrealista que él mismo creó. Su lengua ya no es la de una serpiente sino que ella misma es un caballo desbocado que lanza coces a todo el que se le acerque. Con tanto tiempo en el dique seco -no sólo por su enfermedad- García no abraza los micrófonos, sino que se los come. Se excita cada vez que ve uno y se pega un atracón digno de empacho. El resultado no es lo que pudiera parecer. Aunque sus habilidades comunicativas continúan casi intactas, no tenemos delante de nosotros al paladín de la libertad de expresión sino del libertinaje que él tanto crítica. García no puede buscar ninguna verdad porque cree que esta reside en él. Considera su juicio como él único criterio para validar la realidad. Esa egolatría del ignorante confundido sólo puede trasladar la confusión a los que le escuchan. Aunque pretende abrumar por su franqueza lo que le caracteriza es la imprudencia, la indiscreción y la vulgaridad despótica que saca a pasear cuando los nostálgicos del pleistoceno le dan bola. En las escasas apariciones públicas desde que se retiró, García ha mendigado toda la atención posible como si de un chute de heroína se tratara. En la presentación del libro de Matías Antolín, una entrevista con Julia Otero en TV3, con Buenafuente y ahora con Quintero, ha lanzado todos los exabruptos acumulados durante años de inanición microfónica. Me contó algún buen amigo suyo que en su casa sin micro ha estado que se subía por las paredes. Pero para García no hay hueco y él lo sabe, aunque ahora le haya entrado un espíritu seudomesiánico que le motive a salvar a una España crispada y a un periodismo controlado y denostado por la política y la empresa. Entre otras cosas porque no hay un empresario en su sano juicio al que se le ocurra prestarle un micro y un altavoz diario a quien es más peligroso que un “mono con dos pistolas”. Ya sé lo pensó Punto Radio y antes de empezar salieron todos escaldados. García quería que la defensa jurídica de Vocento asumiera los costes de tenerle en un programa político insultando a diario a mandatarios y empresarios de este país. Pero es que además, García se “suicida en antena” cada vez que abre la boca. No mide y pone a parir a todo aquel con el que ha tenido relación, mientras que sus antiguos enemigos se relamen las orejas viendo el espectáculo. Esta versión del García contra todos es un híbrido quijotesanchopancesco que lucha sólo contra los molinos. Un día el butano me dio un consejo cuando era estudiante de Periodismo. Me dijo: “nunca beses la mano que no puedas morder”. Sabiendo eso, a ver quien es el guapo que se la vuelve a poner.
