ANÁLISIS DE SOCIEDAD
El hermanito
Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad01-10-2006
La princesa Letizia ha querido poner otro churumbel en la suya. Si no fallan las cábalas, el próximo mes de mayo la infanta Leonor tendrá un hermanito en palacio y no comprenderá esa nueva situación en la que ella ya no será tanto la reina de la casa. Para entonces seguirán los cánticos estridentes de nanas desafinadas con las notas de la reforma de la Constitución. En mayo llegará el hermanito -o hermanita-, como pan bajo el brazo para quien pierda en las municipales, pues probablemente el noticiero rosa quitará protagonismo al voto en las urnas. Más que de políticos destronados se hablará de la modificación de la Carta Magna porque ésta discrimina a las mujeres en la sucesión al trono. Será el cuento de nunca acabar. Supongamos que dentro de unos años, el infante o infanta que herede la corona tiene un amigo o amiga especial, por lo que de nuevo habrá que cantar nanas desafinadas para autorizar el matrimonio gay en la Casa Real y, claro, para asegurar la línea sucesoria, la adopción de un bebé... Parece mentira que a estas alturas en España parezca importar más la dolce vita que el conocimiento; que tenga más eco una ley que afecta a unos pocos que las medidas que repercuten sobre una mayoría importante; que se mida la cintura en la pasarela Cibeles y se acuse de anoréxica a la princesa Letizia en vez de cuidar más el menú que se da en los colegios y lo que los alumnos hacen a sus profesores. A este paso, viendo cómo está la España que van a heredar, se explica mejor que, para evadirse, los Príncipes de Asturias se dediquen a sus labores, las procreativas, en vez de hacer zapping en la televisión: que si un reportaje sobre el hijo bastardo del rey Alfonso; que si una pregunta a Rajoy para ver si Jiménez-Losantos manda más que él en el Partido Popular; que si el desastre humanitario de la inmigración y el despropósito de negociación con ETA... Al fin y al cabo, su pertenencia a la realeza les obliga a acudir a ciertos actos en los que algunas veces es mejor no saber de qué va el asunto. Para ello, los príncipes parecen tener un truco: caminar solemnes como si no hubiera gravedad, poner cara de circunstancias y pensar en el siguiente hermanito.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo