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EL REDCUADRO

Manolos del Bombo

Fotografía

Por Antonio BurgosTiempo de lectura2 min
Opinión04-11-2001

Nos va entrando el cuerpo en caja. Y bombo. Del "Todo por la pasta" de la España del Pelotazo volvemos al "Todo por la Patria" de toda la vida, en la presente Olimpiada del Patriotismo Constitucional. Se trata de ver quién se queda en exclusiva con la tambora de Manolo el del Bombo, el único que podía ejercer el patriotismo rojigualdo sin que le llamaran facha. Es lógico que vuelva el patriotismo. Era lo único que nos faltaba de todas las señas de identidad de siempre, superada la enfermedad infantil de la democracia que supuso el olvido intencionado de todo lo español que había tenido un cierto esplendor sobre la hierba de las libertades que no crecían en la dictadura. Hace ya tiempo que pusimos en marcha la moviola nacional, que suena a película de Berlanga. No hubo nada más cruel que la mentalidad dominante en los años del consenso. Dicen que el consenso se logró sobre la inmensa capacidad de concordia de los españoles. Cierto. Pero también sobre su infinita voluntad de olvido. El revanchismo del primer hervor del fervor constitucional llegó a la propia palabra "España". Como Franco hablaba tanto de España, fue una palabra a plantar con buen abono en el monte de olvido. Aún nos queda el uso generalizado de "Este país" como traducción políticamente correcta de "España". Y nada digo de las señas nacionales de identidad colectiva. El fútbol, y especialmente el Real Madrid de Santiago Bernabeu, era el opio que Franco daba al pueblo. Las corridas de toros se organizaban exclusivamente, y con El Cordobés, para que el obreraje no fuera a la manifestación del 1º de Mayo. Doña Concha Piquer cantaba las coplas de Rafael de León para que no leyéramos a Lorca. El flamenco era el cante de los señoritos. La Semana Santa era la fiesta del nacional-catolicismo. Todo aquello había que encerrarlo bajo las siete llaves del sepulcro del Valle de los Caídos. Pero con la consolidación de las libertades llegó la moviola nacional. Llegó la España constitucional de la Quinta del Buitre y del Guti, de Jesulín y El Juli, de Niña Pastori y Sara Baras, de Paco de Lucía y del "Ay, Macarena". Nunca ha habido tanto fútbol, tantos toros, tantas romerías, tantas coplas, tanto flamenco, tantas procesiones, tantas fiestas como tras la Constitución. ¿Por qué? Porque todo aquello no era manipulación fascista de la dictadura, sino sencillamente España. Se sabe ahora que Angelillo y Miguel de Molina, dos exiliados, cantaban sus coplas durante la II República, que Domingo Ortega era la Generación del 98 del toreo, y Concha Piquer, hija de federalista valenciano. Era, pues, del todo punto lógico que tras rebobinar fútbol, toros, Rocío y copla la moviola nacional dejara en su sitio el patriotismo. Punto en el que no hay que olvidar que el primer Manolo el del Bombo del patriotismo constitucional fue Carrillo, cuando iba de Marianita Pineda de la roja y gualda.

Fotografía de Antonio Burgos

Antonio Burgos

Columnista del diario ABC

Andaluz, sevillano y del Betis

** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor