SIN CONCESIONES
La guerra perfecta
Por Pablo A. Iglesias
2 min
Opinión04-11-2001
«En la vida, no hay personas perfectas. Sólo existen las intenciones perfectas». Lo escuché decir una vez a un hombre y, desde entonces, lo tengo siempre presente a la hora de evaluar determinadas actuaciones. Y digo bien evaluar porque juzgar es tarea de otros. Esa buena intención del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, le llevó a planear un ataque perfecto contra Afganistán que, a la postre, ha resultado imperfecto. Al principio, hizo bien todo. Ideó la respuesta a los atentados del 11 de septiembre. Buscó aliados. Legitimó el ataque. Y cumplió con éxito los tres primeros días. Sólo los tres primeros días. Todo ha cambiado en apenas un mes. Del triunfo ha pasado al fracaso. De destruir campos de entrenamiento para terroristas ha pasado a bombardear oficinas de la ONU y de la Cruz Roja. De matar a soldados de Osama bin Laden ha pasado a asesinar a niños y mujeres talibán. Y lo que es peor, de jurar que capturará vivo o muerto al responsable de los atentados contra Nueva York y Washington ha pasado a reconocer que lo más seguro es que nunca jamás logre dar con él. La frase del Gobierno estadounidense no responde a una cura de humildad sino a un arrebato de sinceridad. Los países aliados saben hace tiempo que Bin Laden no acabará entre rejas. Si alguien lo creyó en algún momento fue una víctima más de la excelente operación diplomática que organizó Bush en todo el planeta. En eso ha demostrado al menos más inteligencia que Bill Clinton y su padre, George Bush. El Ministerio de Asuntos Exteriores de España hace tiempo que reconoce en privado que la operación Libertad Duradera trata únicamente de derrocar al Gobierno talibán. Ni siquiera sabe dónde está el terrorista más buscado del mundo. Podría estar incluso en Manhattan o en un piso alquilado frente a la Casa Blanca. Mientras, EE.UU. prosigue en sus ataques para no defraudar a su pueblo. Perdida ya la guerra de los bombardeos trata ahora de ganar la guerra de la información. Será la que le permitirá replegar sus tropas con la aureola de vencedor o vencido. Bush se equivocó. Pensó que sería más fácil. Su intención era perfecta. Habrá que ver si el empeño es el mismo cuando toque lograr la paz.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito