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ANÁLISIS DE ESPAÑA

El regateo constitucional

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España06-11-2005

Imaginemos el típico mercadillo callejero, con sus puestos y su ir y venir de gente comprando y haciendo negocios. Imaginemos también que uno de los tenderetes que forman este mercado es España. Este quiosco tiene un responsable que se caracteriza por su talante y por ser una persona abierta y sonriente. La mayoría de los clientes están encantados con él debido a su predisposición para hacer negocios por inverosímiles que estos sean. Desde que se hizo con el puesto, hace ya más de año y medio, siempre ha tenido un sí para contentar a cualquiera que llegara con una oferta de diálogo. Pero aunque la mayoría esta encantada con él, también hay a quien no le gusta la forma que nuestro dependiente tiene de llevar el negocio. Esos detractores precisamente tampoco gozan de la simpatía del vendedor ni del resto de comerciantes. Con esos enemigos el tendero no hace ningún negocio. Les acusa de generar el odio y de querer quitarle el puesto. Es por ello que están aislados y nadie les tiene en cuenta. A pesar de todo, estos críticos no desisten y aprovechan la menor ocasión para hacer oposición al dependiente y recordarle como se deben hacer las cosas. Así, de este modo, transcurren los días en España. Con un responsable que sólo hace negocios con una parte de la clientela mientras margina a los únicos que, antes o después, le sucederán al frente del negocio. En esto, un buen día se acercó un grupo de comerciantes conocidos por su astucia y su capacidad para los negocios. Le pidieron al tendero el artículo más preciado del puesto. Era tal su valor que ninguno de los responsables que anteriormente regentaron el puesto -cuatro en concreto- se atrevieron a ponerlo en venta. Es un objeto que data del año 78 y que representa valores como el entendimiento, la estabilidad, el respeto, la solidaridad… Pero nuestro dependiente, que además de ser simpático y campechano es también algo inocente e inexperto, no tardó -fiel a su estilo- en ofrecerles un pacto a los astutos comerciantes. Les propuso que le trajesen una oferta, la que fuese, y que él a cambio vendería el preciado objeto. Pasado el tiempo, los comerciantes volvieron para cobrarse aquella promesa con su proposición bajo el brazo. Una oferta que no valía nada comparada con el preciado objeto que el vendedor estaba a punto de malvender. Fue ahí cuando el tendero se dio cuenta de que su talante le había llevado demasiado lejos. Los opositores a los que marginaba se lo advirtieron en más de una ocasión, pero él nunca hizo caso. Ahora el tendero esta arrepentido de su promesa pero ya no se puede echar atrás. Es por ello que va a vender pero la oferta de los comerciantes la parece insuficiente por lo que ha comenzado a regatear. Los comerciantes, que insisto, son muy astutos, le hicieron llegar al dependiente su descontento debido a ese repentino cambio de actitud, pero en realidad esa reacción no era más que el principio del tira y afloja. En el fondo están muy satisfechos por tener la posibilidad de pujar por un artículo que nadie antes había puesto en venta. Al contrario que el tendero, no tienen nada que perder y mucho ganar. Pero son muy astutos y por ello su oferta inicial fue muy baja. Son conscientes de que, como en todo regateo, cuanto menos ofrezcas de primeras más barato te saldrá el producto al final. Por su parte, el vendedor se encuentra en otra situación. España, el puesto del que él es responsable puede perder su bien más preciado precisamente por una irresponsabilidad suya: Arriesgarse a regatear con un objeto que simplemente es innegociable.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio