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SIN ESPINAS

Globos de mierda

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura2 min
Opinión10-10-2005

¿Cómo profundizar en la tragedia de estos inmigrantes, cuando nuestros niños lloran porque no tienen la nueva Playstation? El contraste es demasiado fuerte para esta sociedad occidental narcotizada por el falso aroma del bienestar: el lujo, la fama, la moda, el materialismo en todas sus expresiones. Desde el que se gasta millones de euros en su yate para fardar en Marbella hasta el que agota el saldo del móvil en el último politono -cada uno en su medida- está incapacitado para entender la melodía de está trágica canción: la de la libertad humana. ¿Qué pasará por esas cabezas decepcionadas y abandonadas en pleno desierto después de haberse jugado la vida? No lo sé. Pero seguro que su filosofía de vida tiene que ver mucho más con la supervivencia que con el ocio. Sólo en eso puedo envidiarles, porque mientras de occidente salen casi 2 millones de suicidios al año, ellos aman la vida y se agarran a ella con todas las fuerzas. Sean cuales sean las dificultades que tengan que pasar, el abandono de las instituciones, el absoluto desprecio hacia sus existencias, la desidia. Pero su inanición es sólo física y por eso mientras les quede un aliento seguirán luchando por una vida mejor, por llegar a esos verdes pastos donde reposar y donde brota agua fresca. En medio del camino árido y de las oscuras quebradas, el misterio reside no sólo en saber quién fortalece su alma sino cómo es posible resistir tanto oprobio. Tal vez porque no se lo plantean en esos términos, la indignación queda para los de este lado de la verja. Los que sufrimos de inanición espiritual, sin duda, mucho más grave porque abrasa toda nuestra existencia. Somos niños inmaduros afectados por el consumo, siempre insatisfechos y a los que una imagen parecida sólo puede estropearnos la cena. Somos homo videns tocados por una escena desagradable que le toca vivir a un semejante del que sólo recordamos su color porque somos incapaces de ponerle nombre. Solución: ¡aborten esas imágenes, que no se produzcan más! ¡Señores políticos, arréglenselas como puedan pero que no se repitan esas escenas! No importa el problema de fondo, que nadie nos haga cuestionar este estilo de vida tan injusto para el ser humano. Lo que queremos es que no nos salpique la mierda. Pero como decía un insigne amigo hace unos días en un discurso inaugural, los globos de mierda al final siempre terminan estallando.

Fotografía de Javier de la Rosa