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ANÁLISIS DE DEPORTES

La vuelta del ‘G-4’ al ‘G-1’

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura3 min
Deportes09-10-2005

La presentación de Emilio Sánchez-Vicario como nuevo capitán del equipo de Copa Davis por parte del presidente de la Federación Española (RFET), Pedro Muñoz, llegado al cargo ocho meses atrás, cierra un ciclo en el tenis nacional, en el que la capitanía compartida –primero el G-4 que logró el primer gran hito en 2000, luego el G-3 que alcanzó la final de 2003 y volvió a ganar en 2004, y por último el G-2, por decisión del propio Muñoz– ha dejado el período más brillante del equipo español en la historia. La de Muñoz es una opción discutible, pero respetable al fin y a la postre. Por los resultados recientes y por el potencial de los jugadores, tiene razón en que pelear por una eliminatoria de permanencia en calidad de defensor del título –ya sucedió en 2001– no es una aspiración acorde a la expectativa de un equipo cuyos jugadores están entre los mejores del mundo, al menos en los individuales: un simple vistazo a las listas del circuito ATP resulta esclarecedor. Sin embargo, han sido evidentes las ampollas entre Juan Avendaño y Jordi Arrese, los capitanes salientes: el propio Muñoz tuvo que ser ingresado por un ataque de ansiedad tras discutir con Arrese, antes de la comparecencia de prensa en la que se anunció que ambos no continuarían en su puesto. La comunicación, es evidente, ha sido prácticamente nula entre ambas partes. Lo más grave, con todo, no es la discrepancia en sí, sino la falta de tacto al apoyar primero al cuerpo técnico y luego, casi sin solución de continuidad –con buen criterio se hizo esperar la decisión hasta que España disputó la eliminatoria por la permanencia en la Davis, pero gestada sin duda mucho antes– manifestar que el proyecto de la RFET para la competición por países comprende a un solo capitán, que además, se irá reemplazando periódicamente para dar cabida a figuras señeras de distintas épocas. Criterio manda. Compartir la capitanía comporta ventajas, indudables a la vista de los resultados –dos victorias y una final en la Copa Davis no son moco de pavo–, pero también inconvenientes, entre ellos que los éxitos han llegado sin encontrar una pareja de dobles competitiva. Los experimentos se han sucedido sin éxito, y en ello hayan tenido que ver, probablemente, las lógicas discrepancias de criterio entre los propios capitanes. Ése es uno de los aspectos que Sánchez-Vicario, que durante años formó una de las mejores duplas del mundo con Sergio Casal, en principio podría corregir. Pero no lo tendrá fácil: el trabajo en equipo no debe ser exclusivo de los capitanes, y al igual que sucede en otros deportes, los asistentes y asesores pueden resultar de gran ayuda en su papel. El capitán debe aglutinar en lo posible todas las opiniones para formar y enriquecer la suya propia, ya que los jugadores, en gran parte por su propia ambición, no van a lanzar piedras contra su propio tejado. Lo cierto, empero, es que se ha abierto un proyecto nuevo y que Pedro Muñoz no ha sabido explicarlo adecuadamente, quizá porque el recuerdo del período en el que Agustí Pujol presidió la RFET aún pese en la memoria. Habrá que ver si su falta de tacto es un error puntual o un defecto que se prolongue durante toda su gestión: lo cierto es que ideas tiene y margen para aplicarlas, también, no sólo en el tenis masculino: formar a jugadoras capaces de batirse en el circuito WTA es otra de las necesidades que, más lentamente, también se están empezando a resolver. Los resultados darán o quitarán razones.

Fotografía de Roberto J. Madrigal