ANÁLISIS DE SOCIEDAD
El casi diluvio
Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad11-09-2005
No lo era exactamente el Katrina, pero sus consecuencias hacen pensar en aquella maldición bíblica. Parece que el diluvio ha pasado por el sureste norteamericano y ha desterrado de la vida a muchos, a otros los ha expulsado de sus bienes y ha puesto al mismo nivel a pobres y a ricos, a blancos y a negros. No ha venido del cielo el latigazo que se merece el trasero del hombre, que actúa como un niño travieso y egoísta, que juega con el mundo a su capricho, que maltrata la naturaleza, que explota a muchos a los que dejó sin derechos, que actúa de forma irracional buscando el placer en el peligro. No, no ha venido del cielo. Se lo ha ganado por méritos propios, aunque con todo esto miramos a Dios como si tuviera la culpa del egoísmo de nuestro ombligo. Todavía ha llovido poco. El Katrina no era el diluvio, pero fue el juicio final para decenas de miles de personas. No era el diluvio, pero se ha convertido en el espejo que refleja que en la primera potencia del mundo también hay pobres de solemnidad y que, siendo el rico de entre los richos, el país también necesita ayuda. No fue el diluvio, pero sirvió para que muchos se dieran cuenta de que ningún hombre es todopoderoso, aunque un puñado de individuos tengan en el banco más que millones de criaturas hambrientas. Dicen que el agua purifica. Quizás el Katrina sirvió para eso: para derramar reflexión en los corazones de los hombres. Quizás ese diluvio que nunca lo fue ha servido de bautismo en la esperanza. En el mundo hay mucha gente de corazón grande y solidaridad amplia. Quizás el Katrina colabore en que el altruismo se contagie de forma tan rápida como lo están haciendo las infecciones que asolan el sureste norteamericano.
Seguir a @AlmudenaHPerez

Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo