ANÁLISIS DE DEPORTES
De la carretera a la Historia
Por Roberto J. Madrigal
2 min
Deportes24-07-2005
Correspondiendo a su apellido, Lance Armstrong se ha convertido en el brazo que ha dominado con mano de hierro el Tour de Francia, hasta que ha optado por irse con la cabeza alta, habiendo salido ganador de uno de sus desafíos más difíciles: superar la reválida del último Tour. Lo cierto es que ha demostrado sus cualidades de estratega, puesto que al contrario que en años anteriores, el trabajo de sus gregarios, pese a ser un equipo prácticamente idéntico, no ha tenido la misma eficacia: los años pasan para todos. También ha conseguido superar a su mayor enemigo, el fortísimo calor, en una carrera que ha demostrado la ambición de hombres como Ivan Basso y Jan Ullrich. Ahora que de un día para otro, Armstrong ha pasado a la historia, El más próximo para hacer comparaciones, sin duda, es Miguel Indurain: por concentración, por preparación al milímetro de la carrera, por superioridad en las etapas contrarreloj... Aunque con matices, pues el carácter del navarro fue siempre más tranquilo, más generoso para establecer alianzas y conceder victorias a otros corredores. Sin embargo, el navarro también ganó en su carrera siete grandes vueltas: en 1992 y 1993, además, hizo doblete con el Giro de Italia y el Tour de Francia. Tan sólo se le resistió la Vuelta a España, que entonces se disputaba en fechas próximas al Giro, en la que fue segundo en 1990. La figura de Armstrong lleva al extremo la evolución del ciclismo en los tiempos recientes. Con la profesionalización y la selección del calendario, han quedado muy lejos los tiempos del romanticismo y de los héroes. El texano, aunque sin nada que envidiar, no tiene nada que ver con aquellos monstruos como Bernard Hinault y Eddy Merckx, capaces en su época de hacer grandes esfuerzos para disputar, cada temporada, las tres grandes vueltas y -sobre todo el belga, apodado el Caníbal- cualquier carrera que se le pusiese por delante. Pero Armstrong sí tendrá motivos para ser una leyenda, sobre todo en Francia, un país donde se mima a los ciclistas y ex corredores como en ninguna parte. El estadounidense atesora un liderazgo que pocos han tenido, por cuanto ha tenido -prácticamente- la última palabra en los fichajes de su equipo, por su papel en la búsqueda de patrocinador y por su tarea de embajador en la consolidación del ciclismo en su país, con la salida al plano profesional de hombres como Levi Leipheimer, Floyd Landis, George Hincapie, David Zabriskie... ninguno de ellos, con todo, con madera de aspirante a ganar el Tour en corto plazo. Al menos, Armstrong ha contribuido en su país a dar una estabilidad a las estructuras ciclistas, lejos ya de los tiempos en que hombres como Greg Lemond eran, sencillamente, una excepción.
