LA RÉPLICA
Jaque a la FIDE
Por Roberto J. Madrigal
2 min
Deportes27-03-2005
El del ajedrez es un deporte claramente individualista. No es necesario indagar mucho para encontrarse con las exigencias de jugadores como el ucraniano Ruslan Ponomariov, campeón mundial por la FIDE en 2002, para competir en el torneo de Linares (Jaén), posiblemente el más prestigioso del mundo. Las quejas, casi todas a cuento de lo que se da en llamar un “tono inadmisible” en el trato con los organizadores, se reducen a un cruce de opiniones que deriva en amenazas de querellas por los perjuicios –referidos tanto a la publicidad como a la repercusión del evento– y, en el peor de los casos, se resuelve con la censura por parte del que se empeña en llevar la razón. Así sucedió, por ejemplo, en la olimpiada de Calviá (Mallorca): el presidente-jugador de la Federación georgiana, Zurab Aizmaparashvili, agredió a un guardia civil, cuando intentaba acercarse –saltándose el control de la organización y los responsables de seguridad– al presidente de la Federación Internacional (FIDE), el kalmikio Kirsan Ilumyinov. El incidente se resolvió con el veto de la FIDE a organizar competiciones internacionales en España. La rocambolesca historia del ex campeón mundial Bobby Fischer –de vuelta de todo tras haber ganado el título en una de las partidas más apasionantes de la historia, en 1972, contra el ruso Boris Spassky– y la reciente retirada del gran dominador del panorama ajedrecístico mundial en las dos últimas décadas, Gari Kasparov, han venido a sacar a la palestra a un deporte elitista, poco conocido para el gran público, pero con disputas internas muy encarnizadas. Como ejemplo palpable está la escisión de la FIDE en 1993 –se creó un campeonato paralelo, propiciado por Kasparov, que todavía sigue sin unificar–, de modo que no sorprende, por desgracia, que el ogro de Bakú haya precipitado su retirada, entre otros motivos, para llamar la atención sobre la crisis que atraviesa el deporte del ajedrez. La solución está sobre la mesa: que los dirigentes de la FIDE se avengan a negociar e inicien gestos para la concordia. A juicio de los propios deportistas, es necesaria una revolución para hacer más accesible el seguimiento de los torneos, pero el tiempo pasa y no se avista una solución. Mientras la situación se mantenga, con unos federativos agarrados a su poltrona, iremos viendo cómo los ajedrecistas irán escribiendo libros, incluso entrarán en la escena política. Todo sea por aprovechar la popularidad y tratar de cambiar el orden de las cosas.
