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EL REDCUADRO

La moto y la bicicleta

Fotografía antonioburgos.com

Por Antonio BurgosTiempo de lectura3 min
Opinión03-09-2001

Nada más útil que consultar un buen Manual de Gramática Parda para entender este debate sobre la Institución Monárquica que ha abierto la boda de un príncipe de segunda con una señorita de quinta en un país de tercera, al que en la ortografía de lo políticamente correcto hemos de tomar encima como paradigma de todas las perfecciones históricas, sociales y culturales en coronadas materias. En las tierras de Fernán González se toma como ejemplo a Noruega, en las comunes ansias de disimular a cualquier precio que esto sea un Reino. Con el citado Manual de Gramática Parda en mano colijo que estamos en el debate de la bicicleta. Cito al clásico del género: "Si mi abuela tuviera dos ruedas y un manillar no sería mi abuela, sino una bicicleta". No queremos admitir que la bicicleta sea una bicicleta. Con los costalazos históricos que muchos tuvieron que darse por montar precisamente una bicicleta conforme a los cánones del ciclismo... En la degradación tanto ética como estética del "todo vale", se está llegando a la aberrante conclusión colectiva de que la mejor bicicleta es la bicicleta con motor. Que si no se le pone un motor a la bicicleta, la bicicleta no marcha. Bueno, un motor, elevalunas eléctrico, y cierre centralizado en las cuatro puertas quieren ponerle algunos a la bicicleta, como se lo ha puesto ese noruego que tiene la misma cara que los que retiraban a una señorita de la barra de Chicote. Como todo vale, no solamente se admite que la bicicleta tenga motor, sino que, además hasta se exige que todas las bicicletas tengan motor. Si en Noruega le han puesto motor a la bicicleta, nosotros tenemos no solamente que ponerle motor, sino turbo y de dieciséis válvulas. Ah, y con ese nuevo dogma que a todos nos obliga, hay que admitir como lo más normal del mundo y como lo políticamente más correcto que con esa bicicleta con motor el mocito pueda correr el Tour de Francia. Es más cómodo, claro. Y más progresista. Por el contrario de estos razonamientos, a los que no tragamos y seguimos pensando que el Tour, el Giro y la Vuelta han de correrse con bicicletas de toda la vida, bicicleta sin motor, con esfuerzo y con dignidad histórica, nos llaman ya ciclistas integristas. El ciclista a la altura de los tiempos es el que admite el motor en la bicicleta. Quiero en el debate nacional de la bicicleta decir que ni don Manuel Azaña ni don Niceto Alcalá Zamora hicieron tanto por la causa de la República en España como la señorita Eva Sannum. Si se trata de eso, de que usemos una moto en lugar de una bicicleta, que lo digan. Pero que no me vendan más la moto como si fuera una bicicleta. Puestos así, me borro de ciclista. Por mí como si quieren pintar la bicicleta de rojo, amarillo y morado. Punto este de la manita de pintura tricolor que le comenté a José Antonio Gómez Marín, mi condiscípulo en la Facultad de Gramática Parda, y me dijo: Ojalá, hijo, ojalá...

Fotografía de Antonio Burgos

Antonio Burgos

Columnista del diario ABC

Andaluz, sevillano y del Betis

** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor