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![]() Los responsables del PP se comprometieron en la pasada campaña electoral a exigir la dimisión de cualquier miembro de su partido sobre el que cayese la sombra de la corrupción. Esta imposición con la que se ataron las manos los líderes del PP ha pasado a mejor vida. La fragilidad de la memoria de nuestros políticos es preocupante. Ojalá con el medicamentazo no hayan excluido los fármacos que mitigan la enfermedad del olvido. Recetémonos un ejercicio de memoria: el caso Zamora se cerró en falso y nadie cesó en su cargo. Los miembros del PP en esta comunidad pusieron todas las trabas posibles para que no se llegase al fondo de la cuestión. Álvarez Cascos tampoco ha sido un prodigio de transparencia. ¿Cuándo se decidirá a contarnos que motivos le impulsaron a reunirse en el despacho de Pedro J. con el abogado de Amedo y con el propio director de El Mundo? En los últimos días la sombra de la sospecha se ha alojado en Guadalajara, y en esa sombra se oculta Francisco Tomey, Presidente de la Diputación Provincial y Senador popular. Faltan ¡¡¡3.500 millones!!! Puede que estemos hablando de la ocultación de un importante déficit sólo por motivos políticos, aunque también existe la posibilidad de que se trate de un delito de malversación (hurto de caudales del erario público por un funcionario al que le está confiada su administración). Tomey se ha negado sistemáticamente a entregar los documentos que pueden arrojar luz sobre estas conjeturas. ¿Qué oculta razón impulsa a Don Paco a no facilitar los papeles que servirían para eliminar las dudas sobre su gestión en la Alcarria? El río Henares huele mejor que este asunto. Los adalides de la transparencia del PP no pueden permitirse que en las vidrieras de su gestión aparezcan manchas que impidan una correcta visión de sus tejemanejes. Esta premisa debería impulsar a los responsables del PP a limpiar de sus filas a aquellos compañeros que creen que la justicia nunca se introducirá en sus bolsillos. ![]() Pues claro, hombre, que te tiene que desautorizar, ¿quién ha visto ponerse a insultar en este país donde nadie insulta? Si, por ejemplo, Guerra hubiera dicho que Soledad Becerril es no se qué de Mariquita Pérez, tú podrías largar de Lewinsky... Si, un poner, Corcuera hubiera dicho que Pablo Sebastián pierde aceite, tendría justificación que la tomaras con la becaria. O, ¿qué te digo yo?, si a Márquez de Prado la hubieran llamado barragana, ¿no, verdad?, hombre, pues entonces tendría razón que se te calentara la boca y largaras fiestas patronales. Pero, hombre, Antonio, no me esperaba yo esto de ti, que en esta nación donde nunca nadie insulta, donde no se ha incoado un solo proceso por calumnias e injurias, donde nadie ha sentido mancillado nunca su honor, ponerte tú de lengua brava sobre el examen oral que hizo la muchacha para aprobar el ingreso en la Casa Blanca... Y, claro, así ha pasado lo que ha pasado. Ese don José Sánchez secretario de los obispos que cada vez que Setién hace una de las suyas da una rueda de prensa, o que pone las cosas en su punto cuando un tal Blázquez se pone perezoso a la hora de los oficios de difuntos, pues con la misma contundencia que replica a esos pastores descarriados ha tenido que llamar al orden a tan descarriada oveja. Claro que lo que no me explico a todo esto, turista Antonio, es cómo no han llegado hasta aquí las voces de protesta desde Estados Unidos. Buena está Mónica Lewinsky, porque la has comparado con Rosa Conde... (ofrecido también en EL MUNDO, El fin y los medios: 1-3-1998) ![]() |