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Los Duques de Lugo han trasladado su residencia a Madrid, donde ocuparán un piso en el céntrico barrio de Salamanca. La vivienda acogerá el próximo verano a un heredero más de S.A.R Don Juan Carlos. El primer hijo/a del matrimonio Marichalar será el tercer sucesor del Rey, según apunta la propia Constitución. El nuevo miembro de la familia real ocuparía -según la ley- el puesto de Don Juan Carlos, detrás del Príncipe de Asturias y de su propia madre, la Infanta Elena, y aguardaría en un lugar privilegiado respecto a su futura tía, la Infanta Cristina. Este sería el orden de sucesión de la corona española, siempre y cuando el Príncipe no tuviera descendencia. Casualmente, el comunicado real saltó a la luz pública la víspera del cumpleaños de Don Felipe. El pasado viernes, el Príncipe de Asturias cumplía treinta años rodeado de expectación acerca de sus posibles nupcias. El heredero afirma que, a pesar de sus tres decenios de edad, es joven aún para el matrimonio. Expuso también, que la edad no es impedimento para la consecución de un matrimonio feliz y duradero. Para argumentar este punto de vista, se sustenta en el ejemplo de su abuelo Pablo de Grecia quien abandonó la soltería a los 36 años. Anécdotas aparte, la soltería de Don Felipe no condiciona el reinado, y menos aún a una persona que ha sido educada como un verdadero monarca, aunque no se siente obligado a casarse con una persona de sangre real. A pesar de este ambiente de alegría y regocijo por el primer nacimiento real desde hace treinta años, la Casa Real se unió al luto popular tras los asesinatos del concejal sevillano Alberto Jiménez Becerril y su esposa. Los distintos miembros de la realeza anularon o aplazaron sus compromisos públicos en muestra de respeto y dolor por las últimas víctimas de la banda terrorista ETA. Los propios Duques de Lugo presidieron el funeral y asistieron al entierro de Alberto Jiménez Becerril y Ascensión García Ortíz en la capital andaluza durante la mañana del sábado. [29-1-1998] Los montañeros de Coslada vivieron durante días una penosa existencia. Caminaban ocho horas al día, comían "dos tenedores de espaguetis" y media mandarina. Dormían entre rocas y ramas que ellos mismos ponían. Tuvieron la suerte de encontrar un río, y siguieron su curso porque sabían que les llevaría hasta algún poblado donde les socorrerían, como así fue. Menos suerte tuvo Eduardo Peñalver. El catalán de 31 años iba con su compañero Álex Simón a escalar la zona francesa del Taillón. Debían regresar en la tarde del domingo 25, pero Eduardo ya no regresaría. Su compañero Álex consiguió alcanzar sano y salvo al refugio de Gavarnie el martes por la noche tras caminar más de 55 horas. El jueves dejó el hospital donde estaba ingresado para ayudar en las tareas de rescate. Pero los equipos de rescate ya sabían que lo que buscaban era un cadáver por lo que había contado Álex. Así fue, los perros del equipo encontraron el cuerpo sin vida de Eduardo Peñalver cuarenta centímetros bajo la nieve cerca de donde su compañero le vio por última vez. |