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![]() El primero, peligroso: que las manifestaciones no sirven para nada, lo ha dicho el propio Alcalde de Madrid: que los violentos incluso se alegran cuando las muestras de condena se multiplican. Este idea es errónea. Cuando los españoles salen a la calle, posiblemente en el corazón de los que aprietan el gatillo no se mueva nada, pero seguro que sí lo hace en alguno de los corazones de las personas que les apoyan. La unidad de los demócratas produce fisuras en el entorno de los que brindan su ayuda a ETA. Lo que más les duele a estos animales, a los terroristas, es saber que día a día están más solos, y que Herri Batasuna cosecha menos votos. Cuando un concejal de HB, cuando un miembro de ETA encarcelado condena un asesinato o un secuestro, se da un paso hacia delante, porque cuestiona, porque desprecia la estrategia de la violencia, y de esto podemos estar seguros: el entorno de ETA y HB escucha. Además las manifestaciones tienen otro valor, consiguen unirnos aún más, a los demócratas. Nos sirven a nosotros. El segundo convencimiento que tenemos los ciudadanos de a pie, sin duda, es mucho más correcto, más acertado: ¿qué están haciendo los políticos? El escepticismo, el descontento y la desconfianza que nos invaden están mas que justificados. Los líderes de todos los partidos políticos han pisoteado el Espíritu de Ermua, con sus indiscreciones, con su búsqueda de titulares en los medios de comunicación, con su utilización del terrorismo con fines electoralistas. Todos ellos son conscientes de que cuando polemizan en público rompen la unidad, y dan un balón de oxigeno a ETA. Y a pesar de tenerlo claro, continúan. El viernes, muchos políticos realizaron una llamada a la moderación, a la cordura. Quieren dejar de discutir de terrorismo en los medios. Los ciudadanos tenemos todo el derecho del mundo a tomarnos a chirigota esta promesa. A ponerla en tela de juicio hasta que nos demuestren, con los hechos, que es verdad. Un dato sin duda preocupante es que en el País Vasco se celebran elecciones en otoño. Si hasta ahora los políticos han utilizado el terrorismo con fines electoralistas, ¿lo van a dejar de hacer ahora? No es creíble tal compromiso. Dentro de unos días nos volveremos a desayunar con nuevas polémicas, que si acercamiento de presos, que si cuentas abiertas... Nuestros representantes públicos pueden tener planteamientos enfrentados a la hora de enfocar el problema de la violencia. Pero no deben expresarlos en los medios de comunicación, criticando al contrario. Tienen que discutirlo en reuniones privadas. Reuniones de las que sólo deben trascender a la opinión pública los acuerdos, y no las desavenencias. Si realmente quieren acabar con esta lacra tienen que hacer el esfuerzo de estar calladitos. Por la paz y porque los ciudadanos que les hemos votado así lo queremos. Señores políticos no olviden, el pueblo es soberano, y el pueblo quiere PAZ. (Director de "Curso del 98", EUROPA F.M. -91.0 en Madrid-) ![]() Color tiene este muro de una plaza de toros, color acostumbrado demasiado a la sangre, que es el muro de España que todos levantamos. La calle de verdinas, de silencios, de pasos, Don Remondo se llama; por aquel arzobispo que trajo San Fernando para ser conquistado por la ciudad cercada que vosotros abristeis. Al albero del muro le escriben las verdinas historias familiares, tan de Pérez Reverte, de Grosso y Montesinos, tan leyenda de Becquer. Es vieja la belleza de adoquín y de noche, reflejos de faroles de la Cerrajería, que ha sonado una hora en un reloj lejano. No sabes qué convento, qué iglesia da la muerte, la hora que se acerca así viene sonando en la ciudad tan bella, tan de paz desde entonces y más en este trozo tan de tiempo y de torre, de bronce de Giralda proclamando a los vientos que la fe Sevilla es la torre más fuerte. De pronto dos disparos han roto contra el muro. Si es terrible la muerte, mucho más cuando rompe escenarios tan bellos, de Lope o de Tenorio, donde difícilmente la sangre se adivina. Era bella tu vida, Alberto, te lo digo, con la luz de un recuerdo, mañanitas de Cádiz, cuando nos encontrábamos con plata del pescado y hablábamos del oro que era nuestra Sevilla, que en silencio servías, costalero de sueños. No merece tu barrio, tan lento y tan antiguo, no merece tu calle, tu puerta, tu ventana, que el abrazo de Asen abrazo sea de muerte. La muerte que separa ha sido vuestro encuentro y en este barrio antiguo vuestro amor ahora escriben una flor, un silencio y pájaros que cantan. (ofrecido también en EL MUNDO, El fin y los medios: 1-2-1998) ![]() |