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OLIMPISMO

Samaranch, muchos logros y algunas sombras

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura2 min
Deportes16-07-2001

La hora de las despedidas es siempre la de hacer balances y cálculos. En el caso de Juan Antonio Samaranch, éstos son favorables, pero dejan algunos márgenes de mejora para Jacques Rogge.

La gestión de Samaranch ha destacado en el aspecto económico y político: el COI es una empresa extremadamente rica y poderosa, que ha sabido aprovechar el concepto de deporte como espectáculo masivo y mediático para generar ingresos. Gracias a su independencia de los países y de los gobiernos, el COI ha alcanzado el enorme poder que detenta en estos días. Pero Samaranch sólo ha cambiado pequeños comportamientos internos cuando algunos escándalos exigían ineludiblemente una limpieza a fondo. Los comienzos de Samaranch fueron muy complicados, con los boicots de los Juegos Olímpicos de Moscú y de Los Ángeles, pero los sacó adelante y se sacó la espina con el desfile de las dos Coreas bajo la misma bandera en los Juegos de Sydney y cuando, con motivo de los Juegos de invierno de Lillehammer, en 1994, se detuvo el conflicto de los Balcanes. El otro gran logro de Samaranch ha sido la profesionalización del movimiento olímpico. El español supo adelantarse a su época y darse cuenta de que el amateurismo, los Juegos sin los mejores deportistas, no tenían futuro. La expansión de los Juegos Olímpicos a partir de Barcelona 92 le dio la razón, a la vez de que consiguió un respaldo económico importantísimo para sanear y hacer crecer al COI como institución y dotarlo de una sede permanente en Lausana (Suiza). En cambio, en el debe de la gestión de Samaranch quedan dos grandes lunares que han afectado a su credibilidad: la corrupción en el Comité Olímpico y erradicar el dopaje. El primero estuvo a punto de costarle el cargo por los regalos que recibieron miembros del COI para designar a Salt Lake City sede de los Juegos de invierno de 2002, pero la designación a dedo de los miembros del Comité Olímpico, el amiguismo que le ha permitido salir indemne de todas las crisis, ha sido un mal hábito que Jacques Rogge deberá erradicar.