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MILOSEVIC

Kosovo, la última guerra en Europa

Por Txema GarcíaTiempo de lectura2 min
Internacional01-07-2001

Kosovo fue el penúltimo episodio, Macedonia es el último y todo parece indicar que Montenegro puede ser el siguiente. Sin embargo, antes de todos ellos, Yugoslavia, el país de los eslavos del sur, desapareció consumido por la llama de los nacionalismos.

Eslovenia y Croacia fueron las primeras repúblicas que proclamaron su independencia de la Yugoslavia legada por el dictador comunista, Josiz Broz Tito. Este paso fue emulado, posteriormente, por Bosnia Herzegovina y Macedonia. El caso de Eslovenia y Macedonia se saldó con apenas un par de tiros. Sin embargo, Croacia y Bosnia-Herzegovina tuvieron un destino diferente. El nacionalismo serbio ni se inmutó cuando los eslovenos y los macedonios se marcharon, pero croatas y bosnios no tendrían su independencia tan fácil. Nombres como Slobodan Milosevic, presidente de Serbia y posteriormente de Yugoslavia; Franjo Tudjman, presidente de Croacia; los serbobosnios Radovan Karadzic y el general Mladic, se convirtieron siniestramente en familiares junto con localidades como Srbrenica, Vukovar, Sarajevo, Mostar, donde se cometieron las más increíbles atrocidades. La guerra de Kosovo, en 1999, movilizó a la alianza militar más poderosa de todos los tiempos. La OTAN se arrogó el papel de salvaguardia mundial y se convirtió, sin la aprobación de la ONU, en la espada que la negociación de Rambouillet no pudo evitar. Las décadas de agravios de la política nacionalista de Slobodan Milosevic sobre la población albanesa de Kosovo colocaron a ambas etnias en enemigas irreconciliables. La matanza de Racak marcó la salida de los observadores internacionales y el despegue de los aviones de combate. Más de 35.000 misiones aéreas, 13.000 de ataque, machacaron durante 78 días Kosovo y Yugoslavia. Los objetivos escogidos fueron entre otros: congregaciones de tropas, refinerías, aeropuertos, puentes, instalaciones eléctricas, puestos de control de mando, baterías antiaéreas, radares y arsenales. La decisión de la Alianza Atlántica de no desplegar tropas terrestres por miedo al número de bajas, hizo que los aviones de la OTAN nunca volaran por debajo de los 4.500 metros. Según la OTAN, la guerra dejó 5.000 muertos y 10.000 heridos entre las filas del Ejército de Milosevic. Aunque Belgrado reconoció tan sólo la muerte de 462 militares yugoslavos y 114 policías serbios. Sin embargo, el mínimo riesgo emprendido por la Alianza Atlántica provocó más de 2.000 muertos y 6.000 heridos civiles, definidos por los militares como daños colaterales, eufemismo que encerraba los errores cometidos por la OTAN. Fallos que desembocaron, principalmente, en el bombardeo de un convoy de refugiados, el ataque a un barrio residencial y la destrucción de la embajada china. Se calcula que más de 950.000 albanokosovares fueron desplazados de sus casas desde marzo del 1998. De estos desplazamientos más de 440.000 se produjeron durante los bombardeos de la OTAN.