Infancia
El acoso en los niños tiene efectos a largo plazo
Por Adriana Robledo
2 min
Sociedad13-05-2014
Las víctimas de acoso escolar, también conocido como ‘bullying’ sufren problemas emocionales y sociales en la edad adulta según han determinado varios estudios. La Universidad de Duke, en Estados Unidos, ha presentado un estudio en la revista The Proceeding of the National Academy of Sciences, PNAS, donde revela que inflamación, dolor y mayor predisposición a caer enfermos son otras de las “secuelas físicas” de los acosados. Por su parte, los “hostigadores” muestran mejorías en su salud al ascender su “estatus social” tras los abusos según el mismo informe.
El trabajo que presenta PNAS verifica las “consecuencias biológicas de la intimidación identificadas mediante el marcador físico que supone la inflamación. William E. Coopeland, coordinador de la investigación, afirma que “cuantificar la inflamación nos ofrece un mecanismo de cómo la violencia infantil puede afectar al funcionamiento de la salud a largo plazo”. La razón del trabajo se encuentra en “comprender” el “impacto más tangible” que pueden presentar los menores en el futuro cuando alcancen la edad adulta o cómo les ha afectado a los adultos que lo sufrieron en el pasado. Los investigadores han utilizado los datos del “Great Smoky Mountains Study”, un estudio de población que ha contado con la colaboración de 1.420 personas durante más de 20 años. Las personas analizadas fueron captadas al azar para participar en el análisis prospectivo para no presentar mayor influencia en el riesgo de sufrir enfermedades mentales o de haber sufrido acoso. Este mecanismo contaba con entrevistas personales a todos los que participaron relativas a diferentes etapas de su vida: infancia, adolescencia y juventud. Junto a estas pruebas, elaboraron análisis de sangre para estudiar determinados valores biológicos como la proteína C-reactiva, PCR. PCR es un marcador de la inflamación junto con un factor de riesgo para algunas enfermedades como el síndrome metabólico y la enfermedad cardiovascular. Los resultados revelaron que, la proteína estaba modificada por diversos motivos como la mala alimentación, la falta de sueño, que podría deberse también al acoso, y la infección. Junto a estos agentes, también se encuentra también se encuentran los “factores psicosociales”, según Coopeland. El investigador explica que, al conocer los valores previos al acoso de la proteína, “podemos tener una mayor comprensión de cómo la intimidación podría cambiar la trayectoria de los niveles del PCR”. La figura de los acosadores también se ha analizado. Para ello, dividieron a los participantes en tres grupos: aquellos que habían sido víctimas del acoso escolar, los que desempeñaban el papel de víctima y agresores y los que solo eran acosadores. Los niveles de la proteína PCR aumentaron en las tres secciones cuando llegaron a la edad adulta, las víctimas de ‘bullying’ aumentaron sus niveles cuando estaban en la niñez con respecto a los que presentaban en la edad adulta. Los niveles de PCR aumentan en proporción con el número de veces que han sido víctimas. Los acosadores, por su parte, muestran los niveles más bajos de PCR, incluso inferiores que aquellos que nunca han sufrido acoso. Los adultos jóvenes que habían sido a la vez acosadores y víctimas tienen niveles similares en comparación con aquellos que nunca lo habían sufrido y, los que habían sido acosadores son los que más bajos presentan los niveles de esta proteína.