ROLAND GARROS
Nadal se corona rey de París con su séptimo Roland Garros
Por M. Elena Martínez Quesada
2 min
Deportes11-06-2012
Por tercera vez consecutiva y la séptima en su carrera, Rafa Nadal conquista tierras parisinas. Y no lo pudo hacer mejor. Con un tenis magnífico y una fuerza desmesurada se impuso ante el número uno del mundo, un Novak Djokovic que en momentos parecía resurgir entre el lodo de la pista central Philippe Chatrier, pero que no pudo parar al anticiclón español. El mallorquín hizo suya una final histórica con un 6-4, 6-3, 2-6 y 7-5 a su favor.
Entre lágrimas y corriendo a abrazar a su familia celebró Nadal su séptima Copa de los Mosqueteros, una ensaladera que le ha hecho inscribirse en la historia del tenis como el mejor en tierra batida y el único en conseguir la gesta. Comenzó el torneo siendo favorito y tras una magnífica actuación -llegando a la final sin ceder un set- demostró que no tiene rival sobre la arcilla, y menos aún en el Grand Slam parisino, donde apisonó al número uno de la ATP y demostró su valía. Ni los parones del domingo, ni la amenaza de lluvia en la reanudación pudieron con el campeón. La final se auguraba intensa, y realmente lo fue. Llovió, chispeó y hasta se llegó a suspender el partido en dos ocasiones. Sin embargo, Nadal, con los nervios propios de un choque que ya se convierte en habitual, supo dominar el encuentro en todo momento. Comenzó feroz, sin miramientos, y puso de los nervios a un Nole noqueado, que perdió con rabia los dos primeros set. Con estos en el bolsillo, un increíble Nadal se alzaba sobre la tierra, al acecho del segundo grande del año. Al otro lado de la pista, Djokovic veía cómo el español se sumergía totalmente en el partido y le hacía perder los estribos. Mandando en todas las estadísticas, el de Manacor parecía tenerle tomada la medida al serbio, y éste no hacía más que resoplar. Sólo metía presión con algún que otro globo o dejada, pero su cara mostraba total desesperación. Sólo la lluvia consiguió parar al español. El partido se suspendió momentáneamente y a la vuelta un Nole más acertado parecía resurgir. Bajo una fina lluvia que no abandonó la pista central en ningún momento, el serbio se hacía grande y el partido cambió de dinámica totalmente. La intensidad se triplicó y Nadal parecía sucumbir ante su adversario, que entró fantásticamente en el partido haciéndose con un gran tercer set, pero la lluvia aplazó la emoción al lunes. La finalísima se reanudó en el cuarto set, con dos arriba -2-1- para el serbio. Sin embargo, la tempestad de Nadal volvió a la Philippe Chatrier, y aunque el partido se paralizó por momentos por culpa, de nuevo, de la lluvia, nada pudo con él esta vez. Con un vibrante 7-5, que dejó atrás un apasionante tira y afloja entre los dos tenistas, se proclamó campeón de Roland Garros, un torneo que prácticamente ya lleva su nombre, y en el que ha hecho historia al vencer por séptima vez.