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TOROS

David Mora se 'amotina' en Aranjuez con el indulto de un gran toro de Alcurrucén

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Espectáculos04-09-2011

La diosa fortuna no entiende de categorías ni de reglamentos. Y, en el mundo de los toros, tampoco. La mejor de las fiestas, pese a quien pese, es esa que termina en la esperanza, en la continuidad de la bravura. El toro, esa creación genética de décadas, es un pilar fundamental para este espectáculo tan grande como vilipendiado.

Pocos son los toros que, por su excelente calidad, son indultados. Y, como la suerte es caprichosa, no siempre caen en el lote de una primera figura del toreo o en una plaza de primera categoría. Para el aficionado, quizás, eso sería el sumum, pero la Fiesta también es grandeza en otros escenarios y con otros protagonistas. Programada en las tradicionales fiestas de El Motín de Aranjuez, a las puertas de Madrid, este domingo 4 de septiembre se celebró una corrida goyesca a beneficio de Aspaym, organización que trabaja por mejorar la vida de las personas con lesión medular. En el cartel se anunciaban Eugenio de Mora, David Mora y Pablo Sánchez. Y en ello estaban centenares de aficionados que habían ido a la plaza para disfrutar del festejo. Eugenio de Mora ya había sumado dos apéndices con los que saldría en hombros del coso ribereño. Y el mexicano Pablo Sánchez había dejado un buen sabor de boca a la concurrencia con su toreo fresco, una actuación premiada con un trofeo. Y saltó al ruedo Sucesor, un toro herrado con la "P" de Pablo Lozano, marca de la ganadería de Alcurrucén. Y el toro iba de lejos y volvía con fijeza y bajaba la cara y repetía. Y el torero, que salió decidido desde que el animal asomó por chiqueros, anduvo predispuesto y chispeante desde que lo recibió de rodillas, mandó a su picador descabalgar la montura e hizo las veces de varilarguero, lo toreó en los medios de capa con los pies juntos y, en la faena de muleta, lo citó seguro, entonado e inspirado. Lo dejó ver y lo supo hacer. Y juntos, toro y torero, deleitaron a los aficionados como si lo hubiesen ensayado antes un millón de veces. Tandas y más tandas, emocionantes, sin perder fuelle, de toreo grande, de fiesta brava, de espectáculo puro. Cuando el reloj dictó sentencia para la suerte suprema ya había pañuelos ondeando en el tendido. Era de noche, pero el torero dudaba en tirarse a matar y la plaza se contagió. Por entonces no eran pocos los que pedían que Sucesor regresase a la dehesa. David Mora, que se negó culminar la lidia con un espadazo, también pidió el indulto del animal. Una vez que el burel salió vivo del ruedo, el diestro paseó las dos orejas y rabo simbólicos, el premio supremo de la Fiesta. Le acompañó en la vuelta al ruedo el criador de Sucesor, un satisfecho ganadero llamado Pablo Lozano. Otro Pablo, el mexicano Sánchez, logró el apéndice que precisaba en el sexto para acompañar a sus dos colegas por la puerta grande.