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CINE

El cine español despide a Luis García Berlanga

Por LaSemana.esTiempo de lectura2 min
Espectáculos14-11-2010

La concurrida capilla ardiente del cineasta Luis García Berlanga demostró que se va una de las más importantes figuras del cine español. El director, guionista y presidente honorífico de la Academia del Cine falleció el pasado sábado a los 89 años de edad. Las alabanzas de la profesión no se han hecho esperar.

"Sin la ironía, sin el humor y sin la crítica social del cine de Berlanga no se entendería la historia de España de la segunda mitad del siglo XX". Así describía la actriz Concha Velasco al recién desaparecido, la misma que protagonizó Paris-Tombuctú en 1999, la última cinta del cineasta. La multitud de reacciones que ha provocado la muerte de García Berlanga no se han hecho esperar, como las de los Reyes y los Príncipes de Asturias, que han enviado a su familia sendos telegramas de condolencias. Luis García Berlanga bordó su profesión con tres películas de encanto: Bienvenido Mr. Marshall, rodada en 1952, Plácido, en 1961 y El verdugo en 1963. "Qué bien nos iría en nuestro país si hubiera más Garcías Berlanga", ha dicho Mariano Rajoy para recordar al cineasta. Y es que Berlanga jugaba al despiste, porque detrás de sus comedias surrealistas se encuentra un intelectual de capa y espada. Luis García Berlanga y Martí nació en Valencia el 12 de junio de 1921 en el seno de una familia burguesa. Estudió en los jesuitas de Valencia y también en Suiza. Más tarde comenzó la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Valencia, pero abandonó los estudios para enrolarse en la División Azul. Ganó su primer premio en 1950 por el guión Familia provisional, escrito en colaboración con Jose Luis Colina. Con Plácido obtuvo la nominación para el Oscar de Hollywood. Y tras la muerte de Franco, alcanzó su mayor éxito de taquilla con «La escopeta nacional», que supuso un intento de recuperación de su cine tradicional adaptándolo a la nueva situación política de España. En 1986 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes por considerarle "uno de los grandes creadores cinematográficos de nuestro tiempo que recogía en todas sus obras, con ejemplar independencia, un análisis crítico y sonriente de la sociedad española". Ingresó en la Real Academia de Bellas Artes en 1988. Al año siguiente fue investido doctor «honoris causa» por la Universidad Complutense de Madrid.