CATÁSTROFE ECOLÓGICA
El vertido tóxico en Hungría deja cuatro muertos y daños naturales incalculables

(FOTO: Portal del Gobierno húngaro)
Por Rocío Linares
2 min
Sociedad07-10-2010
El barro rojo es el protagonista de una de las catástrofes ecológicas más graves de Europa. El fluido tóxico ya ha arrasado 40 kilómetros cuadrados en tres condados húngaros. Ha destruido la fauna del río Marcal y continúa avanzando en una corriente sin parada. No obstante, ha disminuido la concentración de metales pesados y con ello el riesgo de contaminación generalizada. El Danubio, una de las mayores vías fluviales de Europa, también se ha contaminado.
Un accidente industrial amenaza el ecosistema del río más grande de Hungría y el segundo de Europa. Una balsa se rompía vertiendo al agua un millón de metros cúbicos de una sustancia tóxica y corrosiva. La compañía propietaria de la fábrica de aluminio, Hungarian Aluminium Production and Trade Company, está investigando sobre las causas de la catástrofe: tal vez un error humano. El suceso se cobró cuatro víctimas mortales en el instante y seis aún están desaparecidas. El número de afectados por la contaminación sigue en aumento y ya supera el centenar. Más de 132 que han entrado en contacto con el lodo y están sufriendo las consecuencias. La escala de acidez contiene los valores de 0 a 14. En el primer día, el vertido resultó en los análisis un pH de 13. Afortunadamente, esta cifra ha ido en descenso y en la actualidad se sitúa en torno al 9, que está más próximo al equilibrio para la vida. Esta sustancia ha ido extendiéndose a través de los condados húngaros de Veszprém, Györ-Moson-Sopron y Vas dejando a su paso zonas de tierra muertas. Según el primer ministro, Viktor Orban, "no se puede vivir" en la zona del desastre. Ya se empiezan a idear planes de aislamiento para los espacios contaminados y además planes de recuperación. La subdirectora de la Dirección General de Desastres de Hungría, Reka Becz, se mostraba optimista al valorar que la situación estaba controlada. Sin embargo, la corriente de “agua sucia” ha alcanzado un afluente del Danubio, importante canal de comunicación en la zona, y asimismo sus propias aguas a la altura entre Viena y Budapest. Aún le falta por cruzar ciudades de Serbia, Bulgaria, Moldavia, Ucrania y Rumania para después desembocar en el Mar Negro. La situación es de gravedad por la temporalidad indefinida de los daños causados así como por el desconocimiento del alcance de la sustancia en cuanto a terreno y ferocidad. Ya se habla de que sea la catástrofe más grande de Europa relacionada con el barro rojo.