Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

TERREMOTO

El seísmo sacude al país más pobre de todo el hemisferio occidental

Fotografía Así han quedado muchas casas de Haití (FOTO: ONU/Marco Dormino)

Así han quedado muchas casas de Haití (FOTO: ONU/Marco Dormino)

Por Rodrigo RomeroTiempo de lectura2 min
Sociedad14-01-2010

Si dinero llama a dinero, desgracias llaman a desgracias. Poco queda ya del Haití recordado por ser el primer país del mundo en donde los esclavos se declararon a sí mismos autónomos y por primera vez se abolió un sistema esclavista.

En la actualidad, la violencia y la militarización, sumadas a décadas de inestabilidad política y desastres naturales sitúan al país caribeño en el puesto 137 en la lista de 182 países que establece el Fondo Monetario Internacional (FMI) según el Producto Interior Bruto, con un 11.562 millones de dólares de los cuales. Sin embargo, tras el terremoto de esta semana se calcula que la riqueza descienda un 15 por ciento. Ya en 2008, el PIB haitiano sufrió una pérdida de ese mismo porcentaje por cuatro tormentas tropicales que sacudieron la isla. Aún así,el Banco Mundial cree que esta vez la destrucción superará ese nivel, dado que el desastre ha afectado a un área mayor y a Puerto Príncipe, la capital. Pese al desastre natural, la situación política y social en Haití no es mucho mejor. La crisis profunda, histórica y con tendencia a la agudización sobrevuela a toda la sociedad haitiana. A factores estructurales se agregan otros de tipos coyunturales, como la militarización de una población que vive aterrada por atracos, rebeliones y ataques armados. Como consecuencia de este terror ciudadano, un 80 por ciento de la población haitiana vive en la pobreza, y un 53 por ciento en pobreza extrema. Esta pobreza se da sobre todo dentro de la isla y en muy pocas dosis llega a la capital, Puerto Príncipe, paraíso y lugar de destino de extranjeros. Todo se reduce a la incapacidad de un gobierno que se ha visto mermado por la pobreza. Haití adquirió gran notoriedad durante las tres décadas de dictadura de la familia Duvalier, desde 1957 hasta 1986; primero el padre, François, conocido como Papa Doc; y después el hijo, Jean-Claude, o Baby Doc. Decenas de miles de personas murieron bajo su reino de terror a manos de la milicia de los Tonton Macoute. La elección en 1990 de Jean-Bertrand Aristide creó una nueva esperanza, pero un año después fue derrocado por los militares y siguió otro periodo de inestabilidad al que la posterior restauración de Aristide no pudo poner fin. El actual presidente, René Preval, prometió reducir la pobreza y las desigualdades, pero, pese a la ayuda internacional, poco han mejorado las cosas. Las endebles estructuras sociales que sustentan a la población no son suficientes. Y es que como dicen el refrán, a perro flaco todo son pulgas. La población haitiana da la cara día a día a un racismo que encabezan sus vecinos puertoriqueños y que en muy pocas ocasiones permiten el paso a sus fronteras.