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SABINO FERNÁNDEZ CAMPO

Sabino Fernández Campo fue una referencia y apoyo para el Rey del 77 al 93

Por Gema MartínezTiempo de lectura2 min
España27-10-2009

En silencio, prácticamente igual que desempeñó sus funciones, se ha marchado Sabino Fernández Campo. Hombre modesto y prudente, se definía a sí mismo como un “personaje secundario”, su larga trayectoria militar y, sobre todo, su apoyo incondicional a Juan Carlos I en el infructuoso golpe de Estado del 23 – F, lo convirtieron en una pieza clave de la Transición democrática española.

Nació en Oviedo el 17 de marzo de 1918, se crió en un entorno conservador que, a su mayoría de edad, le llevó a alistarse en las tropas falangistas. Durante la Guerra Civil se enroló en el Cuerpo Militar de Intervención y alcanzó el grado de general. Tras la victoria franquista, en 1944 se licenció en Derecho en la Universidad de Oviedo. Quince años después comenzaba su apabullante carrera política: fue secretario de seis ministros del Ejército, subsecretario de Presidencia en 1975 y un año después subsecretario del Ministerio de Información y Turismo del gobierno presidido por Arias Navarro. Entra en la Casa Real. En 1977, Fernández Campo entraba a formar parte de la Casa del Rey como secretario general. Las funciones que desempeñaba, según indica su propia biografía, podrían resumirse en “ser la sombra del Rey”. Se encargaba de preparar viajes o visitas de Estado, controlaba el protocolo y a los medios. Cuatro años después de su nombramiento, Fernández Campo acompañó al Rey Juan Carlos durante la mayor afrenta sufrida por la recién nacida monarquía, el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. En el transcurso del 23 – F, Sabino Fernández Campo fue la “mano derecha” del monarca español. La incertidumbre se apoderó del país cuando el Ejército y la Guardia Civil, con el coronel Tejero a la cabeza, invadían el Congreso de los Diputados, dispuestos a dinamitar a una democracia que acababa de asomar la cabeza. Sin embargo la visión de Fernández Campo impidió que el golpe prosperase. Diez años después, fue nombrado Jefe de la Casa Real, cargo que abandonó súbitamente el 8 de enero de 1993. Numerosos rumores apuntaron que el objeto de su destitución fue quitarlo de en medio, y los medios de comunicación le acribillaron a preguntas. A pesar de ello, Fernández Campo, fiel a su espíritu prudente, comentaba que no se llevaba ningún secreto valioso. Casado dos veces, en su primer matrimonio tuvo diez hijos, uno de ellos fallecido en 1994 en un accidente de tráfico, y desde 1997 compartía su vida con la escritora y periodista María Teresa Álvarez. Su destacada labor en pos de la defensa de la democracia, hizo que Fernández Campo recibiera un buen número de galardones y títulos, como demuestra su nombramiento como conde de Latores y Grandeza de España en 1992. Pese a su abrupta salida de la Casa Real, siguió ejerciendo de consejero privado del Rey, en un segundo plano en el que siempre se sintió cómodo, ya que como el mismo afirmó su “papel siempre ha sido secundario, se ha caracterizado por estar siempre al lado de alguien, nunca por encima. Ser secundario es no querer nunca ocupar el puesto principal, sino aconsejar bien y estar siempre al servicio”.